A veces me temo que al publicar anotaciones escritas a lo largo de los años en diversos cuadernos, cometo una agresión contra los lectores (a quienes no les interesa necesariamente la historia de mis lecturas y de mis pensamientos), pero – aún más grave – peco por una coqueta promoción de mí mismo... Me alegra lo que leía hace años, saboreo ególatra notas de diario juveniles (o post-juveniles...) y no frecuento, responsablemente, la actualidad sociopolítica. ¡Perdón! Pero como dice G. Călinescu: es bueno ser, de vez en cuando, "solitario e inactual". Así que me solidarizo, por lo tanto, con la soledad y la inactualidad higiénicas de mis semejantes y les ofrezco algunas muestras de mi experiencia...
Los años 70
Calidades y defectos del hombre de ciencia, según los criterios de Ion Petrovici e Ion F. Buricescu.
Calidades:
1. "Espíritu científico": concebir el mundo como constituido por leyes y usar la razón para descubrirlas y entenderlas.
2. Tener la verdad como objetivo de la investigación. No las ideas propias, no la "originalidad".
3. Estar dotado. (Genio, o al menos talento, inteligencia, intuición.)
4. Perseverancia, paciencia.
5. Amor y capacidad de trabajo.
6. Imaginación.
7. Experiencia (incluyendo aprendizaje).
8. Medios de documentación a disposición.
9. Espíritu independiente (asumiendo la relatividad de la verdad).
10. Vocación, pasión.
11. Dedicación, abnegación, capacidad de sacrificio.
12. Coherencia, tenacidad, fortaleza de carácter.
13. Actitud desinteresada.
14. El coraje de la opinión propia.
Defectos:
1. Falta de iniciativa científica personal (contra los "sabios letrados": saben todo lo que han dicho otros, pero no tienen nada nuevo que decir).
2. Superficialidad (los sabios "superficiales": sustituyen el trabajo por habilidades intelectuales...).
3. Receptividad ante prejuicios.
4. Dogmatismo, espíritu de "sistema" exagerado (los sabios "típicos": sacrifican la realidad por teorías "interesantes").
5. Autocentrismo.
6. Interés material.
7. Incoherencia (los sabios "cambiantes": no perseveran en su propia hipótesis, pasan demasiado fácilmente de una idea a otra).
8. Impaciencia. (los sabios "precipitados": quieren resultados rápidos, sin el esfuerzo necesario).
9. Falta de entusiasmo, pesimismo, desconfianza.
Los años 80 (+ 2016...)...
Sabiduría tradicional sobre la guerra (tanto en el islam como en el cristianismo): "El objetivo de la guerra es la paz" (= orden, equilibrio, armonía). En el "lugar divino" (la "morada" divina) se unen indivisiblemente los dos puntos de vista complementarios: la unidad en la multiplicidad y la multiplicidad en la unidad. Las contradicciones están suspendidas. En el plano exterior, histórico, la guerra legítima es la que restablece el orden en el espacio en el que es despreciada. La guerra legítima tiene una función equilibrante, justiciera. La paz y la justicia como signos de la guerra ganada. Cf. también el Salmo 84, 11: "...la justicia y la paz se han besado". En lo que vivimos hoy, las dos se desprecian.
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