Escribí este texto hace más de veinte años. Lo retomo —como simple anexo bibliográfico— provocado por las recientes ocurrencias del señor Nicușor Dan sobre el «nacionalismo saludable».
Dimitrie Cantemir: «...el amor que sentimos por nuestra patria nos impulsa, por una parte, a alabar al pueblo del que hemos nacido [...], mientras que, por otra, el amor a la verdad nos impide, en la misma medida, alabar aquello que, conforme a la justicia, debería ser condenado. Les será más útil si les mostramos claramente de frente los defectos que los afean, que si los engañáramos con lisonjas suaves y hábiles justificaciones [...]. Por esta razón, queremos declarar con franqueza que nosotros, en las costumbres de los moldavos, aparte de la verdadera fe y la hospitalidad, no encontramos fácilmente nada que pudiéramos alabar [...]. Las buenas costumbres son raras entre ellos. [...]. La soberbia y la arrogancia son su madre y su hermana. [...] ...no conocen la medida en nada: si les va bien son arrogantes, si les va mal pierden la compostura». (Descripción de Moldavia, II, Cap. XVII)
Ion Ghica: «...hubo un tiempo en que un rumano necesitaba gran audacia y abnegación para pensar en la nacionalidad y la libertad. [...] Ahora las cosas han cambiado. Gritar en todos los tonos, a tiempo y a destiempo, de viva voz y por escrito: patria, libertad, igualdad, independencia; incriminar y burlarse de quienes no sobrepasan los límites de la moderación, la buena educación y la modestia, acusar de traidores a los hombres más entregados al bien del país, tratarlos de modo irreverente, golpearlos e insultarlos, no solo no es peligroso, sino que es glorioso e incluso lucrativo. [...] Las persecuciones y las invectivas han quedado como patrimonio de aquellos que no se suben al alero para gritar sobre patriotismo, o que no se asocian con quienes practican la calumnia y la injuria en favor de algún partido [...]. Dentro de veinte, cincuenta, cien años, quizá se encuentren publicistas e historiadores que muestren a las generaciones futuras de qué lado hubo más y más verdadero amor a la patria [...]; hasta entonces, sin embargo, el mérito y la gloria estarán del lado de los gritones y los hábiles, y el peligro es grande». («Los liberales de antaño», carta a Vasile Alecsandri, 1880)
Mihai Eminescu: «¡Pero, señores! ¡Me avergüenza ser rumano! ¿Pero qué clase de rumano? Un rumano que quiere apropiarse del monopolio, del privilegio del patriotismo y de la nacionalidad: me avergüenza ser un rumano de escaparate. La nacionalidad debe sentirse con el corazón y no pronunciarse solamente con la boca. ¡Lo que se siente y se respeta profundamente se expresa rara vez! ¡Los antiguos hebreos no tenían permitido pronunciar el nombre de su dios! Amo al pueblo rumano sin amar a sus semidoctos y sus superficialidades». («De los manuscritos», Obras, vol. IX, pp. 459-460)
Ion Luca Caragiale: «Nosotros, los rumanos, somos un mundo en el que, si no se hace ni se piensa demasiado, podemos enorgullecernos de que al menos se discute muchísimo».
«Los elementos del éxito: halagar todas las ideas y fórmulas populares, que cualquiera aplaude automáticamente o por imitación, como: la juventud rumana, la economía rumana, la mujer rumana, el campesino rumano, el trabajador rumano, el reino rumano, etc., etc.; en general, la frase vacía, la declamación charlatanesca, el ladrido patriótico, nacional, rumano; en una palabra, la pamplina...»
«Me exilié y nada más. El aire de aquí me sienta bien, estoy satisfecho con los míos y no tengo nada que hacer allí, donde la adulación y el robo son virtudes, mientras que el trabajo y el talento son vicios dignos de compasión».
«Muchas cosas he aprendido desde que vivo en medio de la Europa civilizada —donde hay justicia en los tribunales porque también la hay en la calle— y, entre todas, una sobre todo: que el hombre debe decir de manera europea, no greco-gitana, lo que piensa». (apud I.L. Caragiale, Sobre el mundo, el arte y el pueblo rumano, ed. Dan C. Mihăilescu)
Emil Cioran: «En Rumanía, el tipo de hombre inteligente y unánimemente simpático es el holgazán sistemático, para quien la vida es una ocasión de capricho subjetivo, de ejercicio menor del desprecio, de negatividad superficial. No he conocido a un hombre que tuviera una adhesión más débil a los valores que el rumano».
«Ningún rumano se siente personalmente culpable [...] desertando así de la responsabilidad individual». (La transfiguración de Rumanía)
https://www.dilema.ro/situatiunea/mica-antologie-a-patriotismului-amarit
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