La Comisión Europea pide una aplicación más estricta de las normas existentes para impedir la venta y promoción en línea de medicamentos falsificados o comercializados ilegalmente, también a través de las grandes plataformas digitales. Olivér Várhelyi, comisario europeo de Salud y Bienestar Animal, declaró ante el Parlamento Europeo que la respuesta debe combinar la seguridad de la cadena legal de suministro con la verificación de los vendedores, la retirada de ofertas ilegales, los controles aduaneros, la cooperación penal y la información a los pacientes.
En resumen
La Comisión afirma que, en virtud de la Ley de Servicios Digitales, las plataformas en línea deben verificar la identidad de los vendedores, responder a las notificaciones de las autoridades y retirar los contenidos ilegales.
Los medicamentos sujetos a receta del circuito legal deben incluir elementos de seguridad que permitan verificar su autenticidad y detectar la manipulación del envase.
Los consumidores pueden identificar las farmacias y los vendedores en línea autorizados mediante el logotipo europeo común para las farmacias en línea, pero la Comisión afirma que este mecanismo no puede sustituir la aplicación de la ley.
Un producto presentado como capaz de tratar o prevenir una enfermedad no puede eludir las normas farmacéuticas por el simple hecho de comercializarse bajo la denominación de complemento alimenticio.
La Comisión pide una cooperación más estrecha entre las autoridades sanitarias, la policía y la justicia, las aduanas, las plataformas y las instituciones europeas, ya que la venta en línea de productos falsificados suele operar a través de las fronteras.
Várhelyi presentó el problema como una cuestión de seguridad de los pacientes, no solo de protección de marcas o de comercio electrónico. Un medicamento falsificado puede contener una sustancia distinta de la declarada, una dosis incorrecta o no contener ningún principio activo, mientras que los sitios y vendedores ilegales pueden imitar la apariencia de canales legítimos. El aumento de las compras en línea hace que para el usuario común sea más difícil distinguir entre una farmacia autorizada, un vendedor no regulado y una oferta fraudulenta.
El sistema europeo intenta intervenir primero en el circuito legal de los medicamentos. La Comisión recordó que las normas europeas sobre medicamentos falsificados exigen elementos de seguridad para los medicamentos sujetos a receta, incluido un identificador único y un dispositivo que permita detectar la manipulación del envase. La red que conecta a fabricantes, distribuidores y farmacias permite verificar la autenticidad de un paquete antes de que llegue al paciente.
La situación es diferente cuando el producto entra en la UE o llega al consumidor a través de un canal que no forma parte de la cadena farmacéutica autorizada. En este ámbito, la Comisión vincula la política sanitaria con las normas digitales, el control aduanero y la cooperación policial y judicial. El medicamento puede presentarse en un sitio que imita a una farmacia, promocionarse mediante un anuncio en una plataforma o venderse a través de un comerciante que opera desde otra jurisdicción, lo que dificulta la intervención de una única autoridad nacional.
Para las farmacias legales en línea ya existe un instrumento europeo destinado a los consumidores. El logotipo común de la UE permite identificar a los vendedores autorizados y debería dirigir al usuario al registro nacional correspondiente, para que pueda comprobar si el sitio desde el que pretende comprar opera legalmente. Sin embargo, la Comisión subrayó que los logotipos y las etiquetas no son suficientes cuando detrás de las ofertas hay redes organizadas o vendedores que cambian rápidamente de identidad y de canales de venta.
Aquí interviene la Ley de Servicios Digitales. En su respuesta a los eurodiputados, Várhelyi afirmó que la responsabilidad de las grandes plataformas no se limita a alojar pasivamente las ofertas. En el caso de la venta y publicidad de productos medicinales ilegales, las plataformas deben verificar la identidad de los vendedores, reaccionar rápidamente cuando reciben notificaciones de las autoridades competentes y retirar los contenidos ilegales.
El debate en el Parlamento también puso el foco en la publicidad en línea. Varios eurodiputados sostuvieron que las plataformas, los motores de búsqueda y las redes sociales no deben convertirse en canales a través de los cuales los vendedores ilegales compren visibilidad para productos que se presentan como medicamentos o soluciones terapéuticas. Por tanto, el problema no se limita al momento de la transacción, ya que el paciente puede ser atraído hacia un vendedor no regulado mediante un anuncio o una recomendación que imita la comunicación médica legítima.
La Comisión también abordó los complementos alimenticios promocionados como capaces de curar, tratar o prevenir enfermedades. Várhelyi explicó que el simple etiquetado comercial de un producto como «complemento» no permite eludir la legislación farmacéutica si el producto se presenta como dotado de una función medicinal. En tal caso, se aplican las normas relativas a los medicamentos y los requisitos para autorizar su comercialización.
Esta distinción es importante porque no todos los complementos alimenticios son medicamentos y no deben describirse como tales. El problema señalado por la Comisión surge cuando se atribuyen a un producto efectos de tratamiento o prevención de enfermedades y su promoción intenta crear en el consumidor la impresión de que está adquiriendo una solución médica sin que el producto haya pasado por el procedimiento necesario para un medicamento.
Várhelyi también vinculó la lucha contra el fenómeno con los controles fronterizos. Los productos ilegales comprados en línea pueden entrar en el mercado europeo a través de flujos comerciales y paquetes transfronterizos, lo que implica a las autoridades aduaneras y a la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF). La detección de importaciones fraudulentas se convierte así en parte de la misma cadena de protección que la verificación de las farmacias y la aplicación de las normas digitales.
La dimensión penal es igualmente importante. La Comisión considera que la falsificación de medicamentos no puede tratarse exclusivamente como una infracción de la propiedad intelectual, ya que puede tener efectos directos sobre la vida y la salud de las personas. Investigar redes que operan en varios Estados requiere intercambio de información y coordinación entre las autoridades nacionales, Europol, Eurojust y otras estructuras europeas pertinentes.
En el debate también se mencionó el Convenio Medicrime del Consejo de Europa, que establece un marco para tipificar como delito la falsificación de productos médicos y otras actividades conexas que amenazan la salud pública. Várhelyi llamó la atención sobre la participación aún limitada de los Estados de la UE en este instrumento y presentó la ampliación de la cooperación penal como un componente de la respuesta al carácter transfronterizo del mercado ilegal.
El comisario también mencionó operaciones conjuntas contra redes de medicamentos ilegales, incluida la cooperación coordinada por Europol con autoridades de varios países. Sin embargo, el expediente en el que se basa este artículo no contiene la fuente operativa primaria necesaria para verificar de forma independiente las cifras sobre incautaciones, sitios cerrados o personas detenidas, por lo que esos valores no se incluyen como datos confirmados en el artículo.
La misma cautela es necesaria respecto de las sanciones contra algunas plataformas en línea mencionadas en la intervención inicial de la Comisión. La transcripción incluye cifras concretas asociadas a procedimientos de la Ley de Servicios Digitales, pero los documentos oficiales de esas decisiones no forman parte del expediente revisado para esta noticia. Por tanto, no se utilizan aquí como prueba de acciones contra medicamentos falsificados.
El mensaje más amplio de la Comisión es que la legislación pertinente ya existe en varios ámbitos, pero su efecto depende de una aplicación coordinada. Las normas farmacéuticas protegen el circuito legal de los medicamentos, la Ley de Servicios Digitales establece responsabilidades para los servicios en línea, las autoridades aduaneras controlan la entrada de mercancías y los instrumentos de cooperación judicial y policial pueden utilizarse contra redes transfronterizas.
Los eurodiputados insistieron precisamente en la diferencia entre la existencia de normas y su aplicación efectiva. En varias intervenciones se pidió retirar más rápidamente los anuncios y ofertas ilegales, una mayor responsabilidad para las plataformas que facilitan el acceso a ellos y herramientas más claras para que los consumidores puedan comprobar si una farmacia o un vendedor en línea es legítimo.
La Comisión no anunció en este debate un nuevo acto legislativo único que sustituya todos estos mecanismos. La posición expresada por Várhelyi es que la protección de los pacientes requiere utilizar de forma más eficaz y coordinada los instrumentos ya existentes, junto con una cooperación más estrecha entre las autoridades sanitarias, las plataformas, los servicios de aplicación de la ley, las aduanas y la justicia.
Para el consumidor, la distinción esencial sigue siendo entre un producto ofrecido a través de un canal farmacéutico autorizado y uno vendido mediante fuentes que no pueden verificarse. En el contexto del comercio en línea, la protección no depende únicamente de la autenticidad del envase, sino también de la posibilidad de comprobar quién vende el producto, si el vendedor está autorizado a comercializarlo y si las afirmaciones terapéuticas asociadas a él cumplen la legislación europea.
https://2eu.brussels/ro/news/comisia-cere-platformelor-sa-verifice-comerciantii-si-sa-elimine-rapid-ofertele-de-medicamente-falsificate
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