Rym Momtaz, editora en jefe de Strategic Europe en Carnegie Europe, sostiene que la relación franco-alemana atraviesa una crisis que ya no puede ser tratada como un episodio ordinario de tensión entre París y Berlín. En un comentario publicado el 16 de junio, argumenta que los cambios geopolíticos, los problemas de defensa, la relación con Estados Unidos, China, la energía y las divergencias entre las culturas estratégicas de las dos capitales requieren un mecanismo permanente de coordinación, una "situation room" franco-alemana.
La relación entre Francia y Alemania se encuentra nuevamente en un momento de tensión, pero el contexto internacional hace que la disfunción entre París y Berlín sea más peligrosa para la Unión Europea que en crisis anteriores, sostiene Rym Momtaz en un comentario publicado por Carnegie Europe. La autora argumenta que las dos capitales necesitan un marco institucional permanente, una "cámara de situación" franco-alemana, que gestione diariamente las diferencias estratégicas entre los dos sistemas políticos y administrativos.
En resumen
1. El comentario parte de la crisis del proyecto Future Combat Air System, el avión de combate europeo del futuro, desarrollado por Francia, Alemania y España.
2. Rym Momtaz sostiene que las tensiones franco-alemanas superan este proyecto y se encuentran en defensa, el comercio con China, la seguridad energética y la relación con Estados Unidos.
3. La autora advierte que la Unión Europea no puede funcionar a plena capacidad sin una relación franco-alemana más coherente.
4. La solución propuesta es un mecanismo permanente de coordinación bilateral, tratado por París y Berlín como una cuestión de seguridad nacional.
5. El comentario señala que también existen áreas de cooperación, incluido el diálogo nuclear, la inteligencia artificial y la computación cuántica.
El comentario publicado por Carnegie Europe describe el colapso del proyecto Future Combat Air System como un síntoma de la crisis más amplia entre Francia y Alemania. FCAS, un proyecto franco-alemán y español para el avión de combate europeo del futuro, habría llegado a un punto crítico tras años de tensiones entre los intereses políticos e industriales de los socios.
Rym Momtaz escribe que la forma en que se anunció el deterioro del proyecto fue emblemática del estado de la relación bilateral. Según el comentario, funcionarios alemanes transmitieron información a la prensa antes del Berlin Air Show, lo que sorprendió a París y creó la impresión de un hecho consumado, y las reacciones francesas responsabilizaron a Berlín.
La autora sostiene, sin embargo, que FCAS es solo una de las divergencias que afectan la relación franco-alemana. En las discusiones sobre defensa europea, las relaciones comerciales con China, la seguridad energética o la relación con Estados Unidos, observa que los funcionarios de los dos países rápidamente llegan a reproches mutuos y a la reactivación de sospechas históricas que el proyecto europeo debía superar.
El comentario señala que la Unión Europea se ha acostumbrado a gestionar la difícil relación entre París y Berlín, pero que el momento geopolítico actual es diferente. La guerra en Ucrania, la incertidumbre sobre las garantías de seguridad estadounidenses, la competencia con China y la presión sobre la industria europea hacen que la disfunción franco-alemana afecte la capacidad de la Unión para actuar estratégicamente.
Momtaz escribe que estados como Dinamarca, Estonia, Finlandia o Polonia responden más activamente al momento geopolítico, pero advierte que "sin reparar la disfunción franco-alemana, la Unión Europea no puede funcionar a plena capacidad". La idea central es que Europa necesita a Francia y Alemania no solo como potencias separadas, sino como un motor político capaz de producir una dirección común.
La propuesta de la autora es la creación de una estructura permanente de coordinación estratégica entre París y Berlín. Describe esta estructura como una especie de "cámara de situación" franco-alemana, con el papel de asegurarse diariamente de que los dos gobiernos no se alejen demasiado el uno del otro.
Un mecanismo así implicaría, según el comentario, que ambos países traten la relación bilateral como una cuestión de seguridad nacional. Momtaz sostiene que se necesitaría personal dedicado, atención política permanente y un enfoque que incluya política, defensa, industria y el entorno empresarial.
El análisis identifica también las diferencias estructurales entre las dos capitales. En Berlín, Zeitenwende ha creado el deseo de que Alemania salga de la dominación estratégica francesa y no sea solo el financiador de la Unión Europea, pero el pensamiento estratégico alemán sigue, según la autora, limitado por la dependencia de la garantía de seguridad estadounidense, los intereses de la industria y la ortodoxia fiscal.
En París, el aumento de la asertividad alemana se ve con inquietud. Momtaz señala que la perspectiva de que Alemania regrese a la cima del ranking militar europeo, al menos según las cifras presupuestarias, no es cómoda para Francia, pero subraya que la resurgencia alemana no debe ser percibida como una amenaza para París.
El comentario muestra que la desaparición del papel estabilizador de Estados Unidos, como árbitro externo y garante de la seguridad europea, ha sacado a la superficie tensiones que la OTAN y la presencia estadounidense han moderado durante décadas. La salida del Reino Unido de la Unión Europea ha eliminado, en la interpretación de la autora, otro mecanismo de equilibrio, y los intentos de fortalecer el Triángulo de Weimar con Polonia no han sustituido esta función.
Sin embargo, el texto no presenta la relación franco-alemana como completamente bloqueada. Momtaz señala que Francia y Alemania han creado en marzo de 2026 un grupo de coordinación nuclear para el diálogo doctrinal sobre capacidades convencionales, defensa antimisiles y disuasión nuclear francesa, un paso que habría sido muy difícil para Alemania.
La cooperación también existe en áreas tecnológicas estratégicas, incluida la inteligencia artificial y la computación cuántica. La autora recuerda que cuando París y Berlín encuentran un punto de convergencia, pueden producir decisiones transformadoras, como el fondo de recuperación post-Covid-19.
El comentario de Carnegie Europe tiene una conclusión política directa: la relación franco-alemana ya no puede ser gestionada solo a través de cumbres periódicas, reacciones a crisis o compromisos de último momento. Para que la Unión Europea pueda actuar en un entorno internacional más duro, París y Berlín deben invertir diariamente en mecanismos que reduzcan los malentendidos, anticipen conflictos y transformen la cooperación ocasional en una capacidad estratégica permanente.
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