Francia y Alemania no logran alcanzar una posición común sobre el futuro de la defensa europea, y las divergencias comienzan a afectar a proyectos militares estratégicos. La disputa se produce en el contexto de la guerra de Rusia contra Ucrania, la reducción de la presencia militar estadounidense en Europa y las ambiciones cada vez mayores de China.
París exige que los fondos europeos para la defensa se destinen principalmente a la industria militar europea y defiende una «preferencia europea» más estricta. La Comisión Europea ha propuesto 131.000 millones de euros para defensa, seguridad y espacio, a través del nuevo Fondo para la Competitividad Europea. Francia quiere limitar las excepciones a la norma según la cual al menos el 65 % de los equipos financiados mediante programas europeos deben producirse en Europa.
Berlín sostiene que los Estados de la UE deben reforzar rápidamente sus capacidades y poder comprar equipos a aliados de la OTAN como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Noruega. Alemania colabora con la industria estadounidense para producir, bajo licencia, sistemas Patriot y misiles Tomahawk.
Las divergencias ya han tenido consecuencias. En junio, Francia y Alemania abandonaron los planes para el avión de combate FCAS, valorado en aproximadamente 100.000 millones de euros. Las disputas también ponen en duda el proyecto MGCS, destinado a desarrollar una nueva generación de tanques, mientras Berlín desarrolla por separado un sistema de comunicaciones por satélite de unos 10.000 millones de euros, competidor de la red europea IRIS2.
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