Stefan Lehne examina el riesgo de que los cambios políticos en Francia, Italia, Polonia y España dificulten los compromisos europeos. La unanimidad hace que algunas decisiones sean vulnerables a la oposición de un solo gobierno, pero las diferencias entre los partidos euroescépticos y las limitaciones de las coaliciones restringen el escenario de una parálisis general.
Las elecciones de 2027 en algunos de los Estados más grandes de la Unión Europea podrían dificultar los acuerdos sobre el presupuesto, la ampliación y el apoyo a Ucrania si llevan al poder a varias fuerzas euroescépticas, advierte Stefan Lehne, investigador de Carnegie Europe, en Bruselas. En su análisis, el principal riesgo es una Unión cada vez más difícil de gobernar, que pierde su capacidad para responder a los problemas económicos y de seguridad, aunque los Estados miembros no pretendan abandonarla.
En resumen
1.Stefan Lehne identifica un riesgo de bloqueos más difíciles de superar si varios Estados grandes llegan a estar gobernados por fuerzas euroescépticas. Su evaluación se refiere especialmente a Francia, Italia, Polonia y España y no presenta la victoria de la derecha radical como inevitable.
2.El presupuesto plurianual y la adhesión de nuevos Estados requieren unanimidad en el Consejo. Otros actos legislativos pueden adoptarse por mayoría cualificada, lo que limita la posibilidad de que un solo gobierno detenga la decisión.
3.Las presiones también podrían manifestarse en normas más restrictivas sobre migración o en el debilitamiento de las políticas climáticas, anticipa el autor. El apoyo de algunos partidos de centroderecha y la composición de las coaliciones influirían en el resultado.
4.Los partidos de la derecha radical siguen divididos sobre Ucrania. Lehne recomienda compromisos plurianuales para proteger la continuidad del apoyo y considera que la pérdida gradual de la capacidad de acción de la UE es un riesgo más plausible que una ruptura inmediata.
Lehne concentra la evaluación en Francia, Italia, Polonia y España. Considera que un cambio político en un Estado grande tendría consecuencias más difíciles de absorber que la oposición aislada de un gobierno más pequeño. Un deterioro grave de la relación franco-alemana afectaría a la negociación de compromisos, y varios líderes euroescépticos que se apoyaran mutuamente podrían hacer que los bloqueos fueran más difíciles de superar.
«Un grupo más numeroso de líderes euroescépticos con opiniones similares podría conducir a la parálisis», escribe el investigador. La advertencia se refiere a un escenario condicionado por los resultados electorales y las alianzas posteriores. Lehne subraya que el ascenso de la derecha radical no es inevitable y que los partidos de esta familia política difieren tanto en su radicalismo como en sus posiciones sobre algunos asuntos europeos.
Las reglas de decisión explican dónde podrían surgir las dificultades. El Consejo de la UE debe decidir por unanimidad sobre el marco financiero plurianual, la adhesión de nuevos Estados y, con ciertas excepciones, la política exterior y de seguridad común. En estos ámbitos, la oposición de un solo gobierno puede impedir el acuerdo; la abstención no tiene el mismo efecto.
Sin embargo, para la legislación adoptada por mayoría cualificada, un gobierno no dispone de un veto individual. La regla habitual exige el apoyo de al menos 15 de los 27 Estados, que representen como mínimo el 65% de la población de la UE, y la minoría de bloqueo debe incluir al menos cuatro Estados. Por tanto, la capacidad de algunos partidos para ganar elecciones no se traduce automáticamente en una capacidad común para bloquear toda la legislación europea.
El presupuesto para 2028–2034 muestra por qué la perspectiva electoral importa antes de la votación. Los líderes de la UE han pedido un acuerdo para finales de 2026, con el fin de permitir la adopción de la legislación conexa en 2027. El marco financiero requiere unanimidad en el Consejo y la aprobación del Parlamento Europeo. Lehne considera que la proximidad de las campañas reduce la disposición de los gobiernos a comprometerse y limita el tiempo durante el cual las negociaciones pueden avanzar.
En Francia, la elección presidencial está prevista para el 18 de abril de 2027, con una eventual segunda vuelta el 2 de mayo. Las elecciones legislativas ordinarias están previstas para 2029, en ausencia de una disolución de la Asamblea Nacional. Esta distinción limita el calendario presentado por Lehne, que también incluye elecciones legislativas francesas en 2027. El investigador considera que una victoria de la derecha radical en las presidenciales podría tensar especialmente la cooperación europea.
La influencia de estos partidos también podría manifestarse mediante un cambio en el contenido de las políticas, sin bloquearlas por completo. Lehne anticipa presiones para establecer normas más restrictivas sobre migración y asilo y para debilitar la legislación medioambiental y climática. Para tales cambios, la derecha radical necesitaría el apoyo de algunos políticos de centroderecha, que el autor considera probable. La evolución depende así también de las decisiones de los partidos tradicionales.
Sin embargo, también existen factores que pueden limitar la confrontación. Los socios de coalición pueden moderar las posiciones euroescépticas, y la negociación repetida en las instituciones de la UE hace costoso antagonizar a los demás gobiernos, explica Lehne. Ofrece el ejemplo de Giorgia Meloni, cuyo enfoque sobre Ucrania y algunas políticas europeas describe como constructivo. En su evaluación, los beneficios del mercado interior y los vínculos institucionales hacen improbable una ruptura inmediata de la Unión.
Ucrania pone de relieve los límites de una supuesta agenda común de la derecha radical. Los partidos están profundamente divididos sobre la guerra, señala el investigador, aunque espera que la resistencia a los costes del apoyo europeo aumente en varios países. Lehne recomienda consolidar los compromisos con Kiev mediante programas plurianuales, para reducir el riesgo de que un cambio en las mayorías nacionales ponga en duda la continuidad de la ayuda. Se trata de una recomendación del autor, sin garantía de que tales programas eliminen las disputas políticas.
El riesgo a más largo plazo también afecta al respeto de las normas comunes. Lehne considera que posibles retrocesos democráticos y violaciones del Estado de derecho podrían importar incluso más que las posiciones negociadoras de los nuevos gobiernos. Su conclusión es que una Unión incapaz de avanzar en la política económica y en materia de seguridad puede perder relevancia gradualmente, a medida que las decisiones se busquen en otros marcos de cooperación. Las elecciones pondrán a prueba, según esta interpretación, tanto quién puede bloquear un acuerdo como quién aún puede construirlo.
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