Las olas de calor se convierten en un problema de seguridad para Europa, no solo en una crisis de salud pública, advierte Rym Momtaz, editora en jefe de Strategic Europe en Carnegie Europe. En un comentario publicado el 30 de junio de 2026, sostiene que los estados de Europa occidental no están preparados ni para fenómenos climáticos predecibles, aunque se presentan cada vez más como actores geopolíticos capaces de responder a crisis militares, económicas y de seguridad.
En resumen
Rym Momtaz dice que las olas de calor muestran una vulnerabilidad estratégica de Europa Occidental.
El comentario vincula la adaptación climática con la capacidad de Europa para resistir crisis geopolíticas.
El transporte, los hospitales, las escuelas, los jardines, la agricultura y la economía urbana se han visto afectados por las temperaturas extremas.
La autora sostiene que el debate sobre el aire acondicionado no es menor, ya que se refiere a la capacidad de las instituciones para proteger vidas e infraestructura.
Ella pide una adaptación más rápida y pragmática, combinando el enfriamiento de edificios, la innovación, normas más simples y una estrategia climática global.
Europa Occidental ha entrado en una nueva ola de calor extremo, la tercera de este tipo desde finales de mayo, según el comentario publicado por Carnegie Europe. Momtaz escribe que tales episodios se espera que se vuelvan más frecuentes, pero varios estados ricos del oeste del continente continúan luchando con medidas de adaptación elementales.
La disputa pública sobre el aire acondicionado en Bélgica, Francia, Alemania y el Reino Unido se utiliza en el texto como ejemplo de un problema más amplio. Para la autora, el estancamiento no se trata solo de la comodidad de los hogares o las oficinas, sino de la incapacidad de algunos sistemas públicos para transformarse rápidamente ante amenazas ya conocidas.
Momtaz compara la lenta reacción a la crisis climática con la presión provocada por el cambio en la relación transatlántica. Ella escribe que los métodos brutales del presidente estadounidense Donald Trump han empujado a Europa más rápidamente hacia la asunción de su propia defensa que lo que lo han hecho las muertes provocadas por las olas de calor para la adaptación climática.
El argumento central es que una Europa bloqueada por temperaturas extremas transmite debilidad estratégica. Si la infraestructura civil y de uso dual cede ante un fenómeno anticipado, la capacidad de responder a crisis militares o híbridas se vuelve menos creíble.
La autora se pregunta por qué un adversario como Vladimir Putin no aprovecharía un momento en el que Europa Occidental está paralizada por el calor. En la lógica del texto, la infraestructura que sirve a la población en tiempos de paz cuenta también en escenarios de seguridad: ferrocarriles, hospitales, escuelas, centros urbanos, redes de atención y cadenas económicas.
En el tiempo de la ola de calor descrita por Carnegie Europe, la infraestructura esencial ha estado fuertemente tensionada. Momtaz menciona líneas de tren afectadas por temperaturas, retrasos ferroviarios, problemas de ventilación y aire acondicionado en trenes, vagones abarrotados, hospitales sin refrigeración adecuada y escuelas o jardines con temperaturas interiores superiores a 30 grados Celsius.
La agricultura también se ha visto afectada. El texto menciona animales de granja que han sufrido o muerto, terrenos afectados por sequías y una economía urbana perturbada porque los trabajadores se han visto obligados a improvisar cuidado para niños y ancianos.
Momtaz critica también las respuestas oficiales consideradas insuficientes. Ella cita recomendaciones como evitar salir en las horas más calurosas o reservas institucionales frente a los aparatos de aire acondicionado. En su opinión, tales reacciones no inspiran confianza en la capacidad de los gobiernos para gestionar crisis más complejas.
El comentario rechaza la idea de que la adaptación al calor contradiga la transición verde. La autora sostiene que el aislamiento de edificios, la sombra, la revegetación y las reglas de eficiencia energética son necesarias, pero no suficientes después de varios días y noches consecutivas de temperaturas muy altas. En tales condiciones, el enfriamiento interior puede salvar vidas, especialmente para ancianos, enfermos y niños.
Francia se presenta como un caso en el que el cálculo debería ser más simple, gracias a la mezcla energética con bajas emisiones de carbono, basada en gran parte en la energía nuclear. Momtaz sostiene que el análisis costo-beneficio del aire acondicionado debería incluir las muertes provocadas por el calor y la señal geopolítica transmitida por la infraestructura que no puede funcionar en condiciones extremas.
El texto no solo pide la instalación de aparatos de aire acondicionado. Pide un cambio más amplio de enfoque: adaptación local, normas más simples, innovación más rápida, crecimiento económico y una estrategia diplomática global más activa para reducir los efectos del cambio climático.
Momtaz señala que Europa ha demostrado, en otros momentos, que puede transformarse rápidamente. Ella menciona las reformas económicas y sociales de Suecia en los años 90, la digitalización de Estonia después de 2007, el cambio en el modelo de seguridad de Finlandia y respuestas europeas como el fondo de recuperación post-COVID-19 o el uso de la Facilidades Europea para la Paz después de la invasión rusa en Ucrania.
El problema, en su análisis, es que tales pasos no han sido impulsados lo suficientemente lejos y lo suficientemente rápido. La crisis climática y la crisis de seguridad ya están presentes, y Europa no puede defender su modo de vida si su infraestructura básica cede ante riesgos conocidos.
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