Aunque omnipresente en todos los aspectos de la vida, el poder sigue siendo un concepto profundamente debatido, con múltiples significados, a veces elusivos, cuyos sentidos y criterios de aplicación siempre generarán debates. A pesar de la ubicuidad del concepto – la historia de las reflexiones sobre el poder en las relaciones internacionales tiene raíces profundas que se remontan a la Antigüedad – no es sorprendente que aún no exista un consenso sobre la definición de este término o sobre la naturaleza, el ejercicio y los límites del poder.
Robert Gilpin (uno de los teóricos más influyentes en el campo de las relaciones internacionales) describe el concepto de poder como "uno de los más problemáticos en el ámbito de las relaciones internacionales" y reconoce que "el número y la variedad de definiciones deberían ser motivo de preocupación para los politólogos" (1981, 13[1]).
Como observa David A. Baldwin (profesor emérito de relaciones internacionales en la Universidad de Princeton), "aunque a veces parece paradójico, investigar el poder es, sin embargo, inevitable"[2]. Difícil de captar en una definición estable y siempre cuestionada, el poder sigue siendo un concepto imposible de evitar, siendo una de las tensiones fundamentales del pensamiento político moderno: la dificultad de conceptualizar el poder y, al mismo tiempo, la imposibilidad de ignorarlo.
Y esto porque el poder regresa obsesivamente en momentos de cambio en la historia, cuando la decisión y la acción política se vuelven esenciales. Precisamente en estos intersticios críticos, se vuelve cada vez más imperiosa la necesidad de delinear un nuevo tipo de pensamiento estratégico, capaz de proporcionar herramientas analíticas pertinentes para descifrar el poder.
Como evolución natural de esta preocupación por la emergencia de un "nuevo tipo de pensamiento estratégico", George Cristian Maior regresa en 2025 a este tema, publicando en el Grupo Editorial RAO el volumen "Gerentes de la historia. Estudios y ensayos sobre la teoría y la práctica del poder en la historia, antes de la inteligencia artificial". Como confiesa el autor, el nuevo volumen reúne estudios y ensayos que han constituido una parte significativa de la base empírica para la obra más amplia y teórica "Superpolítica. Superpolítica: Triunfo y fracaso estratégico. Líderes, grandes ambiciones de poder y la lógica de la legitimidad en el orden de los estados y en las relaciones internacionales" (publicada en 2024).
Si en "Superpolítica" George Cristian Maior construía un marco teórico unificado para entender la conducción del estado en la paradigma de la Superpolítica[3] – como tipo ideal (en el sentido weberiano) de ejercicio de la política desde la perspectiva del modelo racional y comprensivo de la decisión estratégica – "Gerentes de la historia" desciende a la zona del material empírico y de las reflexiones preliminares que hicieron posible la construcción teórica del libro publicado en 2024. El volumen explora precisamente esta dimensión del poder: la naturaleza, el ejercicio y los límites del poder en contextos históricos diversos, no solo como fenómeno abstracto, sino también como motor de la historia, oscilando entre autoridad y legitimidad, decisión y asunción.
Algunas menciones sobre el estudio del poder se vuelven necesarias antes de cualquier cosa. El análisis del poder en las relaciones internacionales es un campo complejo que requiere un enfoque multidimensional, teniendo en cuenta su naturaleza profundamente interdependiente.
Como sugiere Guzzini (2007[4]), el estudio del poder implica un vaivén entre tres campos de investigación distintos, cada uno con sus propios métodos, objetivos y conceptos fundamentales: (1) teoría política (se centra en los aspectos normativos del poder, es decir, en cómo debería ejercerse el poder); (2) teorías explicativas (el estudio de cómo se manifiesta y se distribuye el poder en la realidad, utilizando métodos científicos) y (3) el enfoque praxiológico (la práctica de la política, centrada en el análisis empírico de los procesos reales en las relaciones internacionales). En este último enfoque, el poder se ejerce a través de la política (internacional), y el análisis del poder se fundamenta en la experiencia histórica.
Así, el análisis del poder en las relaciones internacionales solo puede realizarse a través de una sinergia entre la teoría política, la investigación empírica y la práctica política. Mientras que la teoría política nos ayuda a entender los aspectos normativos del poder, las teorías explicativas nos proporcionan herramientas para estudiar los comportamientos y mecanismos que subyacen a las relaciones de poder, y el enfoque praxiológico nos ofrece valiosas enseñanzas de la experiencia histórica. Todas estas perspectivas son esenciales para entender cómo se manifiesta el poder en el mundo real de las relaciones internacionales.
En esta clave interpretativa se inscribe también el volumen "Gerentes de la historia", en el que George Cristian Maior propone un enfoque integrador del poder, oscilando con naturalidad entre los tres campos de investigación y combinando con elegancia la rigurosidad del análisis histórico con la sutileza de la reflexión teórica.
Los gerentes de la historia
Desde la Antigüedad hasta la época moderna, teóricos como Niccolò Machiavelli, Carl von Clausewitz, Reinhold Niebuhr o Edward Luttwak, junto a grandes practicantes del poder – desde Marcus Tullius Cicero y el cardenal Richelieu, hasta Otto von Bismarck, Winston Churchill, Woodrow Wilson o Henry Kissinger – son convocados en una lectura cautivadora de la historia como espacio de asunción de decisiones.
El análisis no se limita a la presentación de las ideas o biografías de estos "gerentes de la historia", sino que se integra en un marco más amplio de reflexión teórica. El libro no solo propone una historia de las ideas políticas o una tipología de líderes, sino que investiga las condiciones en las que el poder humano ha funcionado, se ha legitimado y se ha asumido a lo largo del tiempo.
Al leer el ejercicio histórico del poder propuesto por Maior, descubrimos "un Cicerón tan realista como Maquiavelo". Los estereotipos se desvanecen, "la diferencia de visión entre Cicerón y Maquiavelo se vuelve cada vez más difusa", y el lector entiende que la historia del poder no se trata de figuras mitologizadas, sino de personas reales, y que "el arte de gobernar el estado no se basa en lo ideal, sino en lo realizable".
Si "Cicerón es quien realizó la transición hacia el pensamiento político moderno", Maquiavelo es quien realizó una verdadera "revolución intelectual", no tanto por la autonomía de la política respecto a la religión, sino sobre todo por la comprensión de la política como "el ámbito práctico de la conducción de los asuntos internos y externos del estado según sus propias reglas". Pero quizás el legado más valioso de Maquiavelo es la lección de que "el mundo no es ideal y nunca lo será, y la política debe ser una herramienta útil para gobernar eficazmente en relación con la realidad y no en relación con conceptos y representaciones utópicas".
De Cicerón hemos heredado, concluye Maior, "la mutación fundamental del político al estadista", transformación que marca el paso de la visión estratégica (la calidad del buen político) a la construcción estratégica (la calidad extraordinaria del estadista). Richelieu fue, en la visión de Maior, el maestro de la práctica estratégica, desarrollando, a través de "la evaluación fría y precisa de los intereses del estado a medio y largo plazo", una "red práctica de las tácticas necesarias, de los pasos necesarios para promover y realizar esos intereses".
Un "verdadero estadista" fue, a su vez, Otto von Bismarck, canciller y arquitecto de la unificación alemana, quien, al promover una política fundamentada en el realismo político (Realpolitik), evaluación lúcida de las relaciones de fuerza y uso calculado de los instrumentos diplomáticos y militares, puede ofrecer aún hoy "una lección de arte y ciencia de la gobernanza y la conducción estratégica".
Si Maquiavelo, Richelieu o Bismarck han demostrado, con sus luces y sombras, lo que significa, a la luz del flujo de la historia, la idea de superpolítica, Woodrow Wilson es quien, a través de su legado político, define "la diferencia cualitativa entre el político y el estadista" – concluye George Maior. Wilson es, sin duda, "un superpolítico", cuya acción política expresa plenamente todas las cualidades y atributos de la superpolítica.
Así como ha desmontado estereotipos sobre Cicerón o Maquiavelo, Maior muestra que también las grandes teorías clásicas de la guerra deben leerse con la atención y el discernimiento que impone el presente. En el caso de Carl von Clausewitz, considerado el fundador del pensamiento estratégico moderno, Maior llama la atención sobre el hecho de que, aunque el postulado "la guerra es la política continuada por otros medios" sigue siendo una piedra angular, ante las rápidas revoluciones tecnológicas y la dinámica actual del poder, las tesis clásicas corren el riesgo de quedar insuficientes. Clausewitz fue un teórico de la guerra, no del poder.
Maior no niega la relevancia de la teoría de Clausewitz ("la racionalización de la guerra"), por el contrario, la reconoce como un fundamento esencial en la comprensión de los conflictos, pero la recontextualiza, demostrando que los principios tradicionales deben leerse con los ojos del presente y adaptarse a las nuevas realidades.
¿Hacia un "único gerente de la historia"?
"¿Cómo entender entonces la política, el poder y las relaciones de poder" en esta nueva realidad en la que "las viejas formas de los vicios del poder político y el desorden en las relaciones internacionales se entrelazan con nuevos modelos de evolución social y material?" se pregunta sugestivamente Maior. En una nota prospectiva, el autor amplía la reflexión sobre los desafíos actuales del ejercicio del poder, planteando la provocadora pregunta: ¿cómo cambiará la inteligencia artificial el ejercicio del poder, la naturaleza de la política y la formulación de estrategias?
Maior continúa, así, explorando el tema de la incertidumbre, introducido hace más de 10 años en su obra[5] – como principio epistemológico innovador destinado a permitir la investigación empírica del ejercicio del poder bajo la vasta sombrilla conceptual y filosófica de la posmodernidad y el posmodernismo.
Ante estas nuevas realidades tecnológicas que traen consigo incertidumbres cada vez más complejas, el pensamiento estratégico también debe evolucionar. La fórmula "antes de la inteligencia artificial" no se refiere a la nostalgia, sino a una advertencia: el libro anticipa la reconfiguración del poder ante la ascensión de la inteligencia artificial, que marca un umbral más allá del cual la decisión, como acto fundamental de ejercicio del poder, corre el riesgo de ser externalizada sin ser, de manera real, delegada.
Más que un análisis del pasado, "Gerentes de la historia" se convierte así en una meditación sobre los límites y condiciones del ejercicio del poder en una época en la que la autonomía de la decisión humana está puesta en cuestión. En este sentido, el volumen también funciona como una advertencia discreta, pero firme, sobre el peligro de confundir la eficacia decisional con la abdicación del juicio político. Maior llama, así, la atención sobre el riesgo de que la humanidad se dirija hacia un "único gerente de la historia" – la inteligencia artificial.
El poder debe ser entendido, asumido y juzgado
"El poder debe ser entendido, asumido y juzgado", insiste Maior. Sin embargo, la inteligencia artificial afecta precisamente esta relación entre poder y responsabilidad, entre autoridad y legitimidad, entre decisión y asunción. El poder que renuncia al juicio humano, al discernimiento y a la asunción de responsabilidades ya no es político; se convierte en un simple instrumento tecnológico. El poder corre, así, el riesgo de volverse abstracto, desvinculado de la responsabilidad y del juicio moral que ha definido, a lo largo del tiempo, al estadista.
Justamente aquí reside la maestría de Maior: un análisis histórico anclado en una perspectiva objetiva sobre los "gerentes de la historia" – sorprendiendo tanto los lados luminosos como las sombras de aquellos que, sin embargo, han logrado ganar la batalla más importante – la de la historia – entrelazada con reflexiones teóricas que culminan en un llamado discreto, pero imperioso a la vigilancia: "Es hora de que aprendamos algo, al menos un poco, de estas experiencias y leamos sobre estas personas porque solo así realizaremos nuestros límites. Aquellos que se atreven en la arena de la política o aquellos que quieren entender la política y el pensamiento estratégico necesitan estas lecciones. Solo a través de la comprensión matizada de estas grandes figuras podemos abrir el camino hacia una visión más clara y responsable sobre el presente y el futuro político."
Así, a través de su libro, George Maior no solo interroga el pasado para entender el presente, sino que también advierte sobre el riesgo de que el futuro sea gobernado no por el juicio, la sabiduría política y la asunción, sino por la lógica impersonal del algoritmo.
El libro se convierte así no solo en una incursión en el pasado, sino también en una guía para entender el presente, una advertencia sutil sobre cómo las decisiones políticas pueden ser moldeadas – o deformadas – por las profundas transformaciones del mundo contemporáneo. Es una historia vista no como una sucesión de gerentes de la historia, sino como un espacio de asunción, en un momento en el que la aparición de la inteligencia artificial corre el riesgo de transformar el poder de un acto político asumido en un simple algoritmo.
En una época en la que la inteligencia artificial se insinúa en el cálculo estratégico y en la decisión política, la advertencia de Maior se vuelve crucial: "La inteligencia artificial no significa, en absoluto, sabiduría. La sabiduría es un atributo definitivo del ser humano".
https://revistacultura.ro/puterea-trebuie-inteleasa-asumata-si-judecata/
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