Las altas temperaturas mantenidas durante períodos más largos favorecen las bacterias en los alimentos y en las aguas costeras y prolongan la actividad de garrapatas y mosquitos. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades advierte que las medidas sanitarias dedicadas a fenómenos meteorológicos extremos siguen siendo incompletas en varios estados miembros.
Los veranos cada vez más largos y cálidos crean en Europa condiciones favorables para la propagación de infecciones transmitidas por alimentos, agua, mosquitos y garrapatas, advierte el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades. El riesgo no está asociado solo a episodios cortos de calor extremo, sino que se alimenta de las altas temperaturas que se mantienen durante períodos más largos y modifican el entorno en el que se desarrollan las bacterias y los vectores que transmiten enfermedades.
El ECDC está monitoreando este verano cuatro categorías de riesgo: enfermedades transmitidas por alimentos, vibriosis asociada a aguas costeras, infecciones transmitidas por mosquitos y enfermedades propagadas por garrapatas. La agencia europea solicita una cooperación más estrecha entre las autoridades sanitarias, los servicios ambientales y el sector veterinario, en condiciones en las que solo poco más de la mitad de los estados miembros cuentan con un plan nacional de adaptación al cambio climático.
En resumen
1. Las temperaturas más altas aceleran el desarrollo de bacterias en los alimentos y pueden aumentar el riesgo de infecciones cuando los productos no se almacenan, lavan o preparan adecuadamente.
2. Las aguas costeras cálidas y con baja salinidad, incluidas las del Mar Báltico y los estuarios, pueden favorecer las bacterias Vibrio, que pueden infectar heridas abiertas o ser transmitidas a través de mariscos insuficientemente cocinados.
3. Las temporadas más largas, cálidas y húmedas permiten que los mosquitos invasores se establezcan en regiones donde anteriormente eran raros o estaban ausentes, aumentando las preocupaciones sobre el dengue, chikungunya y el virus del Nilo Occidental.
4. Las primaveras y otoños más suaves prolongan el período de actividad de las garrapatas, que pueden transmitir la enfermedad de Lyme y la encefalitis transmitida por garrapatas.
5. Poco más de la mitad de los estados miembros tienen un plan nacional de adaptación al cambio climático, y el ECDC considera que se necesitan medidas sanitarias más claras para los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos.
Las enfermedades transmitidas por alimentos se encuentran entre los problemas de salud más comunes del verano. Las altas temperaturas pueden acelerar la multiplicación de bacterias en los productos alimenticios, especialmente cuando la cadena de frío se interrumpe o los alimentos permanecen durante períodos prolongados a calor.
El ECDC recomienda mantener la higiene durante la preparación de alimentos, lavar frutas y verduras antes de consumirlas y cocinarlas adecuadamente, especialmente en el caso de la carne. Estas medidas reducen el riesgo de infección, pero no sustituyen los controles sobre la seguridad alimentaria y su almacenamiento a temperaturas adecuadas.
Otro problema que sigue la agencia es la vibriosis, provocada por bacterias del género Vibrio. Estas se desarrollan más fácilmente en aguas costeras cálidas y con baja salinidad, como ciertas áreas del Mar Báltico y los estuarios donde el agua dulce se encuentra con el agua marina.
La infección puede ocurrir cuando una herida abierta entra en contacto con agua contaminada o tras el consumo de mariscos crudos o insuficientemente cocinados. Las personas con cortes, rasguños o piercings recientes son aconsejadas a evitar nadar en áreas de alto riesgo, y los productos marinos provenientes de estas aguas deben ser cocinados adecuadamente.
El ECDC ha actualizado una herramienta de visualización que estima las áreas donde las condiciones del agua pueden favorecer las bacterias Vibrio. La herramienta no confirma la existencia de una infección en un lugar determinado y no sustituye las advertencias de las autoridades nacionales, pero indica dónde el riesgo de exposición puede ser mayor.
Las altas temperaturas y la humedad también influyen en la propagación de mosquitos. Las temporadas cálidas más largas permiten que algunas especies invasoras sobrevivan y se reproduzcan en regiones europeas donde anteriormente aparecían raramente o no estaban presentes.
Esta expansión convierte las infecciones transmitidas por mosquitos en una preocupación cada vez más importante para la salud pública europea. El ECDC menciona el dengue, chikungunya y el virus del Nilo Occidental, pero la presencia de mosquitos capaces de transmitir un virus no significa automáticamente que la transmisión local esté ocurriendo.
Para la aparición de casos locales es necesario que el patógeno sea introducido y transmitido por un vector competente en condiciones favorables. Los viajes internacionales pueden traer casos a Europa, y la presencia de mosquitos en la temporada cálida puede permitir, en ciertas circunstancias, la transmisión adicional.
Las medidas individuales recomendadas incluyen el uso de productos repelentes, el uso de ropa que cubra la piel y el uso de mosquiteros en ventanas o sobre camas. La eliminación de agua estancada de recipientes, canalones, macetas y otros espacios cercanos a las viviendas puede reducir los lugares donde los mosquitos se reproducen.
El cambio en la duración de las estaciones también afecta la actividad de las garrapatas. En muchas regiones, las primaveras y otoños más suaves prolongan el período en el que están activas, aumentando el intervalo en el que las personas pueden estar expuestas en bosques, parques, jardines y otras áreas con vegetación.
Las garrapatas infectadas pueden transmitir la enfermedad de Lyme y la encefalitis transmitida por garrapatas, dos afecciones distintas. La enfermedad de Lyme es provocada por bacterias y puede ser tratada con antibióticos, mientras que la encefalitis transmitida por garrapatas es una infección viral para la cual existe una vacuna.
El ECDC recomienda usar pantalones largos y ropa de manga larga durante caminatas o actividades en áreas con vegetación. Revisar el cuerpo y eliminar rápida y correctamente las garrapatas después de pasar tiempo al aire libre puede reducir el riesgo de infección.
La agencia vincula estos cambios a la necesidad de una preparación a largo plazo. Sus evaluaciones recientes muestran que poco más de la mitad de los estados miembros tienen un plan nacional de adaptación al cambio climático, pero la existencia de un plan general no garantiza que incluya medidas suficientes para todos los efectos sobre la salud pública.
El ECDC considera que los estados deben desarrollar intervenciones dedicadas a los riesgos sanitarios producidos por las temperaturas extremas y el cambio en la distribución de agentes patógenos y vectores. La preparación incluye la vigilancia epidemiológica, el intercambio de datos, la identificación rápida de brotes y la coordinación de la respuesta entre países.
Los riesgos no pueden ser gestionados exclusivamente por las autoridades sanitarias. Las condiciones en las que ocurren las infecciones están influenciadas por el medio ambiente, los animales, los alimentos, el agua, la urbanización, el transporte y el comportamiento de la población, lo que requiere cooperación entre múltiples sectores.
Este enfoque es conocido a nivel europeo como One Health y parte de la conexión entre la salud de las personas, los animales, las plantas y el medio ambiente. El ECDC evalúa su aplicación en los estados miembros para identificar deficiencias en la preparación y la capacidad de las autoridades para responder a amenazas que cruzan fronteras entre sectores y países.
Europa es la región de la Organización Mundial de la Salud que se calienta más rápidamente, y los cambios en la temperatura y la humedad ya están modificando el área geográfica de algunos vectores. Este proceso no produce los mismos efectos en todas las regiones y no permite atribuir automáticamente cada caso de enfermedad a un período de calor.
El riesgo depende de la presencia del patógeno, de la distribución de las especies que pueden transmitirlo, de las condiciones locales y del grado de exposición de la población. La vigilancia debe realizarse a nivel local y actualizarse a medida que surjan nuevos datos.
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