Los sistemas sanitarios deberían aprovechar los meses de aviso disponibles para preparar la vigilancia de enfermedades, los planes frente al calor extremo y la respuesta a la sequía, las inundaciones y los incendios antes de que el actual episodio de El Niño alcance su máxima intensidad, advierten la Organización Meteorológica Mundial y la Organización Mundial de la Salud.
La OMM estima que El Niño ya está firmemente establecido y que se intensificará hasta convertirse en un episodio muy fuerte hacia finales de año. Las previsiones de los centros meteorológicos mundiales indican una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027.
En resumen, El Niño ya está establecido y se espera que se vuelva muy fuerte antes de alcanzar su máximo hacia finales de año. La OMM estima una probabilidad cercana al 100 % de que el episodio persista hasta febrero de 2027. La OMS considera El Niño un multiplicador del riesgo de calor extremo, sequía, inundaciones, incendios, humo, contaminación atmosférica, enfermedades transmitidas por mosquitos, inseguridad alimentaria y otros problemas de salud. Se espera que los efectos más graves se produzcan allí donde los impactos climáticos coincidan con sistemas sanitarios frágiles, un acceso reducido a la atención médica, inseguridad alimentaria, desplazamientos de población o crisis humanitarias. La evaluación es global. Las categorías de riesgo y los efectos previstos no pueden trasladarse automáticamente a Rumanía ni a otro Estado europeo sin previsiones y evaluaciones regionales específicas.
El Niño aparece cuando las temperaturas de la superficie del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental se vuelven inusualmente elevadas y modifican la circulación atmosférica.
El fenómeno no produce el mismo tipo de tiempo en todas partes. En algunas regiones aumenta la probabilidad de precipitaciones abundantes e inundaciones; en otras favorece la sequía o las temperaturas elevadas.
La OMM afirma que las temperaturas excepcionalmente altas del Pacífico respaldan una intensificación adicional del episodio actual y que los efectos climáticos pueden prolongarse hasta 2027.
Para la salud, el problema no es únicamente la temperatura. El informe de la OMS, de 63 páginas, examina conjuntamente el calor, el agua, la alimentación, las enfermedades infecciosas y la capacidad de los sistemas sanitarios para responder.
El calor extremo puede agravar las enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales y metabólicas, y puede afectar especialmente a las personas mayores, los niños, los trabajadores expuestos al aire libre y quienes viven en viviendas mal ventiladas.
La sequía puede reducir la disponibilidad de agua y la producción de alimentos, mientras que los incendios pueden generar humo y un deterioro significativo de la calidad del aire.
En otras zonas, las precipitaciones abundantes y las inundaciones pueden contaminar las fuentes de agua, perturbar los servicios sanitarios y crear condiciones favorables para brotes de enfermedades.
El cambio de las temperaturas y las precipitaciones también puede modificar la distribución de los mosquitos y la duración de las temporadas de transmisión de enfermedades como el dengue, el chikunguña, la malaria, la fiebre amarilla o el zika.
Sin embargo, la OMS subraya que El Niño es un factor que puede amplificar los riesgos, no una explicación automática para cada brote de enfermedad o cada fenómeno meteorológico extremo.
Esta distinción también es importante para Europa. Una previsión mundial sobre un El Niño muy fuerte no significa que todos los Estados europeos vayan a experimentar las mismas anomalías ni el mismo nivel de riesgo sanitario.
El informe de la OMS está concebido precisamente para realizar evaluaciones diferenciadas por países y regiones. Se anima a las autoridades a combinar las previsiones meteorológicas estacionales con información sobre las poblaciones vulnerables, la capacidad hospitalaria, las enfermedades en circulación y la seguridad del agua y los alimentos.
La OMM advierte de que el intervalo entre la previsión y la manifestación máxima del fenómeno constituye una ventana para la prevención. Las medidas pueden incluir sistemas de alerta por calor, planes de continuidad para los hospitales, vigilancia de enfermedades, preparación de los servicios de emergencia y coordinación entre las autoridades sanitarias y los servicios meteorológicos.
Para el hemisferio sur, el periodo crítico coincide con el verano de comienzos de 2027, lo que puede amplificar los riesgos de calor, sequía, incendios y humo en las regiones ya expuestas.
Para los Estados europeos, el impacto concreto deberá seguirse a través de las previsiones regionales y nacionales de los próximos meses, y no deducirse directamente de la clasificación mundial del episodio de El Niño.
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