El Observatorio Europeo de los Medios Digitales advierte, en un análisis publicado el 27 de mayo de 2026, que la desinformación en línea en Europa se está volviendo más rápida, más adaptable y más fuertemente relacionada con temas identitarios, conspiraciones y contenido generado por inteligencia artificial.
El análisis está firmado por Paolo Cesarini, presidente del Consejo Ejecutivo del Observatorio Europeo de los Medios Digitales, y forma parte de la edición de mayo de 2026 del boletín "Signals & Noise". El autor señala que las opiniones expresadas pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la posición oficial de EDMO.
En resumen
La desinformación relacionada con el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha disminuido del 39% del total de casos detectados en marzo al 11% en abril. Al mismo tiempo, EDMO ha identificado un aumento de la desinformación relacionada con la guerra en Ucrania y la migración. El análisis indica el regreso de teorías conspiracionistas de tipo pandémico, adaptadas a nuevas crisis de salud, energía o seguridad. Eventos violentos en los que están implicados o invocados migrantes y minorías se utilizan para alimentar narrativas xenófobas y la teoría de la "gran sustitución". EDMO señala el aumento del contenido generado por IA a gran escala, denominado por los investigadores "slopaganda", y la monetización del miedo, la indignación y las conspiraciones.
Según el análisis, la desinformación relacionada con el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha permanecido como uno de los principales objetivos de las manipulaciones informativas, pero su proporción en el total de desinformación detectada ha disminuido drásticamente, del 39% en marzo al 11% en abril. El autor muestra que la atención se ha desplazado hacia otras líneas de conflicto geopolítico y social, incluyendo la guerra en Ucrania y la migración.
EDMO identifica cinco tendencias que marcaron el mes de mayo: la normalización del pensamiento conspiracionista, la instrumentalización de las políticas identitarias, las campañas de desprestigio contra adversarios políticos, la diseminación a gran escala de contenido generado por inteligencia artificial y la monetización del miedo y la indignación.
Un primer patrón se refiere al regreso de las teorías conspiracionistas. El autor muestra que el tiroteo en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, el tercer ataque contra Donald Trump en dos años, generó inmediatamente especulaciones en línea según las cuales el incidente habría sido orquestado o representaría una operación de tipo "bandera falsa". Estas teorías aparecieron en cuestión de minutos y se propagaron en X, Reddit, TikTok y foros marginales.
El análisis señala que los usuarios parecen estar cada vez menos dispuestos a esperar información verificada y más inclinados a suponer la existencia de motivos ocultos o de una manipulación organizada. Al mismo tiempo, estas narrativas no pertenecen a una sola zona ideológica, sino que son amplificadas por influencers de diferentes espacios políticos.
EDMO también señala la reactivación de narrativas surgidas durante la pandemia. Un brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius ha reintroducido en circulación temas como supuestos nuevos confinamientos, acusaciones contra las compañías farmacéuticas, teorías sobre armas biológicas y variantes de la narrativa "plandemia".
El autor describe estas teorías como marcos "plug-and-play", es decir, modelos narrativos preexistentes que pueden ser rápidamente adjuntados a cualquier nueva crisis. En otro ejemplo, las viejas teorías sobre confinamientos han sido adaptadas a la variante de un supuesto "confinamiento energético", en el contexto de temores sobre el conflicto en Oriente Medio, el bloqueo en el Estrecho de Ormuz, los costos de la energía y la inflación.
Una segunda dirección importante se refiere a la migración y la desinformación basada en la identidad. EDMO muestra que delitos o incidentes violentos atribuidos a migrantes o minorías son utilizados para sostener narrativas xenófobas y para alimentar la teoría conspiracionista de la "gran sustitución", según la cual las élites políticas buscarían reemplazar a las poblaciones nativas europeas mediante la migración masiva.
El análisis cita casos de Italia, Alemania y España en los que eventos complejos han sido simplificados o falsamente atribuidos a migrantes y menores migrantes. En algunos casos, las narrativas han sido amplificadas en debates políticos y han contribuido al aumento del discurso de odio en línea.
EDMO señala que los efectos van más allá del nivel retórico. La monitorización indica un aumento de las campañas de acoso contra ONG, organizaciones que apoyan a migrantes y grupos por los derechos humanos. En Irlanda, varias organizaciones sin fines de lucro que asisten a migrantes han reportado abusos coordinados, lo suficientemente severos como para reducir su visibilidad en redes sociales y aumentar las medidas de seguridad para el personal.
Otra tendencia señalada es el uso de ataques personales como estrategia geopolítica. En lugar de combatir directamente políticas o decisiones militares, las campañas de desinformación utilizan escándalos fabricados, asociaciones falsas o insinuaciones sobre corrupción moral para desprestigiar figuras públicas. Según el análisis, las redes pro-rusas han continuado respondiendo a afirmaciones falsas sobre el presidente ucraniano Volodimir Zelenski.
Tácticas similares han apuntado también a líderes europeos como Emmanuel Macron, Péter Magyar y Ursula von der Leyen. El autor muestra que tales ataques funcionan porque los golpes emocionales a la integridad personal pueden tener un impacto mayor que los argumentos políticos fácticos, y el daño reputacional puede persistir incluso después de desmantelar las falsedades.
En cuanto a la inteligencia artificial, el análisis muestra que la proporción de desinformación generada con IA ha disminuido del 20% al 14% entre abril y mayo de 2026, pero el fenómeno sigue siendo influyente en la comunicación política, campañas electorales y propaganda relacionada con la guerra.
En la campaña electoral de Malta de 2026, EDMO documentó la propagación de un fenómeno denominado por los investigadores "slopaganda": memes, clips de video y contenido sintético producidos en masa con inteligencia artificial, diseñados más para provocar ridículo, ira y distribución viral que para convencer mediante un argumento coherente.
Esta evolución modifica la naturaleza de la propaganda. Si la desinformación tradicional necesitaba coordinación, construcción ideológica y técnicas más sofisticadas de falsificación, las herramientas de IA permiten la producción rápida y barata de un gran volumen de contenido emocional. En este modelo, la cantidad puede contar más que la calidad, y la repetición y amplificación algorítmica pueden cambiar la percepción pública.
El análisis subraya también la dimensión económica de la desinformación. Según EDMO, los actores que propagan conspiraciones no están motivados solo por la ideología, sino también por el lucro. Los sistemas de monetización de las plataformas sociales recompensan la interacción sin importar la precisión, y el contenido basado en miedo, indignación y conspiraciones genera con frecuencia más atención que la información fáctica.
EDMO concluye que la desinformación corre el riesgo de convertirse en una fuerza estructural permanente en la vida democrática, si las plataformas, gobiernos, investigadores, medios de comunicación, verificadores de hechos y organizaciones cívicas no desarrollan mecanismos más robustos de protección, alfabetización mediática y responsabilidad digital.
Para la Unión Europea, el análisis es relevante porque toca directamente el funcionamiento del debate democrático, la seguridad informativa, la protección de las minorías y la vulnerabilidad de los procesos electorales. La apuesta no es solo combatir afirmaciones falsas puntuales, sino la capacidad de las sociedades europeas para mantener un espacio público en el que los hechos verificados puedan competir con contenido viral, emocional y monetizado.
El análisis está firmado por Paolo Cesarini, presidente del Consejo Ejecutivo del Observatorio Europeo de los Medios Digitales, y forma parte de la edición de mayo de 2026 del boletín "Signals & Noise". El autor señala que las opiniones expresadas pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la posición oficial de EDMO.
En resumen
La desinformación relacionada con el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha disminuido del 39% del total de casos detectados en marzo al 11% en abril. Al mismo tiempo, EDMO ha identificado un aumento de la desinformación relacionada con la guerra en Ucrania y la migración. El análisis indica el regreso de teorías conspiracionistas de tipo pandémico, adaptadas a nuevas crisis de salud, energía o seguridad. Eventos violentos en los que están implicados o invocados migrantes y minorías se utilizan para alimentar narrativas xenófobas y la teoría de la "gran sustitución". EDMO señala el aumento del contenido generado por IA a gran escala, denominado por los investigadores "slopaganda", y la monetización del miedo, la indignación y las conspiraciones.
Según el análisis, la desinformación relacionada con el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha permanecido como uno de los principales objetivos de las manipulaciones informativas, pero su proporción en el total de desinformación detectada ha disminuido drásticamente, del 39% en marzo al 11% en abril. El autor muestra que la atención se ha desplazado hacia otras líneas de conflicto geopolítico y social, incluyendo la guerra en Ucrania y la migración.
EDMO identifica cinco tendencias que marcaron el mes de mayo: la normalización del pensamiento conspiracionista, la instrumentalización de las políticas identitarias, las campañas de desprestigio contra adversarios políticos, la diseminación a gran escala de contenido generado por inteligencia artificial y la monetización del miedo y la indignación.
Un primer patrón se refiere al regreso de las teorías conspiracionistas. El autor muestra que el tiroteo en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, el tercer ataque contra Donald Trump en dos años, generó inmediatamente especulaciones en línea según las cuales el incidente habría sido orquestado o representaría una operación de tipo "bandera falsa". Estas teorías aparecieron en cuestión de minutos y se propagaron en X, Reddit, TikTok y foros marginales.
El análisis señala que los usuarios parecen estar cada vez menos dispuestos a esperar información verificada y más inclinados a suponer la existencia de motivos ocultos o de una manipulación organizada. Al mismo tiempo, estas narrativas no pertenecen a una sola zona ideológica, sino que son amplificadas por influencers de diferentes espacios políticos.
EDMO también señala la reactivación de narrativas surgidas durante la pandemia. Un brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius ha reintroducido en circulación temas como supuestos nuevos confinamientos, acusaciones contra las compañías farmacéuticas, teorías sobre armas biológicas y variantes de la narrativa "plandemia".
El autor describe estas teorías como marcos "plug-and-play", es decir, modelos narrativos preexistentes que pueden ser rápidamente adjuntados a cualquier nueva crisis. En otro ejemplo, las viejas teorías sobre confinamientos han sido adaptadas a la variante de un supuesto "confinamiento energético", en el contexto de temores sobre el conflicto en Oriente Medio, el bloqueo en el Estrecho de Ormuz, los costos de la energía y la inflación.
Una segunda dirección importante se refiere a la migración y la desinformación basada en la identidad. EDMO muestra que delitos o incidentes violentos atribuidos a migrantes o minorías son utilizados para sostener narrativas xenófobas y para alimentar la teoría conspiracionista de la "gran sustitución", según la cual las élites políticas buscarían reemplazar a las poblaciones nativas europeas mediante la migración masiva.
El análisis cita casos de Italia, Alemania y España en los que eventos complejos han sido simplificados o falsamente atribuidos a migrantes y menores migrantes. En algunos casos, las narrativas han sido amplificadas en debates políticos y han contribuido al aumento del discurso de odio en línea.
EDMO señala que los efectos van más allá del nivel retórico. La monitorización indica un aumento de las campañas de acoso contra ONG, organizaciones que apoyan a migrantes y grupos por los derechos humanos. En Irlanda, varias organizaciones sin fines de lucro que asisten a migrantes han reportado abusos coordinados, lo suficientemente severos como para reducir su visibilidad en redes sociales y aumentar las medidas de seguridad para el personal.
Otra tendencia señalada es el uso de ataques personales como estrategia geopolítica. En lugar de combatir directamente políticas o decisiones militares, las campañas de desinformación utilizan escándalos fabricados, asociaciones falsas o insinuaciones sobre corrupción moral para desprestigiar figuras públicas. Según el análisis, las redes pro-rusas han continuado respondiendo a afirmaciones falsas sobre el presidente ucraniano Volodimir Zelenski.
Tácticas similares han apuntado también a líderes europeos como Emmanuel Macron, Péter Magyar y Ursula von der Leyen. El autor muestra que tales ataques funcionan porque los golpes emocionales a la integridad personal pueden tener un impacto mayor que los argumentos políticos fácticos, y el daño reputacional puede persistir incluso después de desmantelar las falsedades.
En cuanto a la inteligencia artificial, el análisis muestra que la proporción de desinformación generada con IA ha disminuido del 20% al 14% entre abril y mayo de 2026, pero el fenómeno sigue siendo influyente en la comunicación política, campañas electorales y propaganda relacionada con la guerra.
En la campaña electoral de Malta de 2026, EDMO documentó la propagación de un fenómeno denominado por los investigadores "slopaganda": memes, clips de video y contenido sintético producidos en masa con inteligencia artificial, diseñados más para provocar ridículo, ira y distribución viral que para convencer mediante un argumento coherente.
Esta evolución modifica la naturaleza de la propaganda. Si la desinformación tradicional necesitaba coordinación, construcción ideológica y técnicas más sofisticadas de falsificación, las herramientas de IA permiten la producción rápida y barata de un gran volumen de contenido emocional. En este modelo, la cantidad puede contar más que la calidad, y la repetición y amplificación algorítmica pueden cambiar la percepción pública.
El análisis subraya también la dimensión económica de la desinformación. Según EDMO, los actores que propagan conspiraciones no están motivados solo por la ideología, sino también por el lucro. Los sistemas de monetización de las plataformas sociales recompensan la interacción sin importar la precisión, y el contenido basado en miedo, indignación y conspiraciones genera con frecuencia más atención que la información fáctica.
EDMO concluye que la desinformación corre el riesgo de convertirse en una fuerza estructural permanente en la vida democrática, si las plataformas, gobiernos, investigadores, medios de comunicación, verificadores de hechos y organizaciones cívicas no desarrollan mecanismos más robustos de protección, alfabetización mediática y responsabilidad digital.
Para la Unión Europea, el análisis es relevante porque toca directamente el funcionamiento del debate democrático, la seguridad informativa, la protección de las minorías y la vulnerabilidad de los procesos electorales. La apuesta no es solo combatir afirmaciones falsas puntuales, sino la capacidad de las sociedades europeas para mantener un espacio público en el que los hechos verificados puedan competir con contenido viral, emocional y monetizado.
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