Un informe de CEPS, RUSI, Clingendael e IEP advierte que Europa debe reducir rápidamente su dependencia de los Estados Unidos y construir una capacidad de defensa europea más fuerte. El documento propone tres caminos complementarios: una NATO más europea, un nuevo multilateralismo europeo de seguridad y una cooperación de defensa liderada por la Unión Europea.
Europa debe fortalecer su defensa para escenarios en los que los Estados Unidos reduzcan el apoyo militar, bloqueen decisiones en la NATO o desvíen recursos estratégicos hacia otras regiones. Un informe publicado por CEPS, RUSI, Clingendael e IEP sostiene que los estados europeos no pueden permitirse excluir ninguna opción y deben avanzar simultáneamente en tres direcciones: una NATO más europea, un nuevo multilateralismo europeo y una cooperación de defensa liderada por la Unión Europea.
En resumen
El informe afirma que Europa se encuentra en un punto crítico, determinado por la guerra de Rusia contra Ucrania, las amenazas híbridas y las incertidumbres sobre el futuro papel de los Estados Unidos en la NATO.
Los autores recomiendan como prioridad la “europeización” de la NATO, mediante el aumento del papel de los europeos en los mandos, la planificación, las capacidades y la coordinación política.
El informe también propone un nuevo multilateralismo europeo, basado en grupos de estados capaces y dispuestos a actuar cuando la NATO se vea bloqueada políticamente u operacionalmente.
El tercer camino es la cooperación de defensa liderada por la Unión Europea, con énfasis en el desarrollo de capacidades, la integración de la industria de defensa ucraniana, el uso del instrumento SAFE y la operacionalización de la cláusula de defensa mutua de los tratados de la UE.
El documento recomienda gastos militares del 3,5% del PIB hasta 2035 para capacidades militares, con la posibilidad de revisar estas cifras si los Estados Unidos reducen su presencia más rápidamente.
El informe parte de la idea de que la seguridad europea ha entrado en una fase de incertidumbre estructural. Rusia es descrita como una amenaza a corto y largo plazo, a través de la guerra contra Ucrania, acciones desestabilizadoras, el control de facto sobre Bielorrusia y la presencia en el territorio de la República de Moldavia. Los autores señalan que Moscú intenta recuperar su influencia sobre Europa Central y del Este y percibe a la NATO como un adversario.
Al mismo tiempo, el informe trata a los Estados Unidos como un aliado esencial, pero menos predecible. Los autores sostienen que la política estadounidense puede generar escenarios en los que Washington reduzca su implicación en Europa, condicione las garantías de seguridad o bloquee decisiones dentro de la Alianza. En tal contexto, Europa debe mantener a los Estados Unidos cerca, reduciendo paralelamente las dependencias en armamento, software y capacidades estratégicas estadounidenses.
El primer camino propuesto es una NATO más europea. El informe recomienda que los europeos asuman gradualmente más posiciones de mando actualmente ocupadas por estadounidenses, contribuyan más a la ejecución de planes regionales y preparen estructuras capaces de funcionar con un apoyo estadounidense reducido o ausente. Los autores consideran que la función de comandante supremo aliado en Europa debería seguir siendo, por el momento, ocupada por un oficial estadounidense, para mantener el compromiso militar de los Estados Unidos y la credibilidad de la disuasión nuclear extendida.
Una recomendación importante es la reconstitución de un “Eurogrupo” dentro de la NATO. Este sería un mecanismo permanente de coordinación política entre los aliados europeos, transparente ante el resto de la Alianza, para el diálogo estratégico, el desarrollo conjunto de capacidades y la organización de la postura militar en regiones como el flanco oriental, el Ártico y el Mediterráneo.
El informe también recomienda la reorganización geográfica de algunas estructuras de mando. Entre los ejemplos se encuentra el aumento de las capacidades de mando terrestre en Finlandia, el traslado de la responsabilidad del flanco oriental del mando conjunto de Brunssum a un nuevo mando terrestre en Polonia y la creación de un cuartel general europeo de la NATO en Brunssum para operaciones dirigidas por europeos, en coordinación con las estructuras de la NATO.
El segundo camino es un nuevo multilateralismo europeo. El informe parte del escenario en el que los Estados Unidos o otro aliado harían que la NATO se volviera disfuncional desde dentro, mediante la demora o el bloqueo de decisiones políticas o impidiendo el mando operacional en una situación de defensa colectiva. Para tales escenarios, los autores recomiendan conectar y fortalecer los arreglos minilaterales existentes entre estados europeos.
El informe propone que estos grupos tengan estructuras compatibles con la NATO, capacidad de planificación, mando y control, intercambio de información, adquisiciones comunes y, donde sea necesario, fuerzas multinacionales. En la visión de los autores, debería existir al menos una estructura minilateral para cada plan regional de la NATO.
Una propuesta más sensible es la creación de un Consejo Europeo de Seguridad, como mecanismo de consulta y decisión para una coalición de estados europeos dispuestos a actuar. El informe señala que esta idea ha sido apoyada por CEPS, Clingendael e IEP/Bocconi, pero no por RUSI. La diferencia de posición es importante, ya que muestra que el informe no presenta una línea única sobre todas las soluciones institucionales.
El tercer camino es la cooperación de defensa liderada por la Unión Europea. Los autores consideran que la UE tiene una ventaja comparativa en transformar los gastos en inversiones concretas, especialmente mediante el apoyo a estados miembros, países asociados, candidatos y socios cercanos como Noruega, Ucrania y el Reino Unido.
El informe exige la eliminación de los obstáculos que impiden a la NATO y la UE crear sinergias máximas en el desarrollo de capacidades. La NATO debería compartir más información con las estructuras relevantes de la UE, incluida la Agencia Europea de Defensa y la Comisión Europea, y la UE debería tratar a socios cercanos como el Reino Unido como actores iguales en ciertos instrumentos de financiación y cooperación.
En el ámbito industrial, el informe recomienda reequilibrar las relaciones de defensa de la Unión Europea con el Reino Unido, Ucrania y otros aliados no pertenecientes a la UE en la NATO. El instrumento SAFE, valorado en 150 mil millones de euros, debería abrirse a un rango más amplio de estados con orientaciones estratégicas similares, especialmente el Reino Unido, y la integración de la industria de defensa de Ucrania en el mercado único europeo de defensa debería acelerarse.
Los autores advierten que Europa necesita más que dinero. El informe señala que los aliados de la NATO han acordado un objetivo del 3,5% del PIB para capacidades militares hasta 2035, más un 1,5% para gastos relacionados con la defensa. El principal problema se convierte en el uso eficiente de estos recursos para la disuasión, la defensa y la reducción de la fragmentación industrial.
Los déficits de capacidades se presentan como amplios. El informe menciona la defensa aérea y antimisiles integrada, los sistemas anti-drones, las capacidades de ataque de precisión en profundidad, las municiones, la movilidad militar, el personal, la formación y las estructuras de mando. En la defensa aérea, los planes de la NATO para multiplicar los sistemas necesarios se describen como un objetivo difícil tanto para los aliados europeos como para los Estados Unidos.
Otro riesgo es el tiempo. Las evaluaciones europeas sobre el momento en que Rusia podría reconstruir suficiente capacidad militar para amenazar el continente varían entre tres y siete años. El informe advierte que muchos estados retrasan el aumento de gastos hacia el final del período, mientras que los ciclos de adaptación táctica observados en Ucrania son mucho más rápidos que los ciclos europeos habituales de adquisición y desarrollo.
Los autores recomiendan la operacionalización de la cláusula de defensa mutua de la Unión Europea, el artículo 42, párrafo 7 del Tratado de la Unión Europea. Dentro de los límites del actual marco jurídico, la UE debería clarificar la obligación de ayuda y asistencia, preparar las estructuras de mando existentes y permitir que los estados no pertenecientes a la UE cercanos ofrezcan apoyo en caso de agresión armada contra un estado miembro.
El informe también incluye recomendaciones sobre las fuerzas y los instrumentos de la UE. La capacidad de despliegue rápido, los equipos de respuesta rápida cibernética y las iniciativas relacionadas con drones, defensa aérea, espacio y el flanco oriental deberían prepararse para complementar a los ejércitos nacionales. Los autores vinculan la protección de las fronteras externas y la lucha contra ataques híbridos a iniciativas como Eastern Flank Watch y la cooperación con Frontex.
El informe aparece en un momento en que la defensa europea se discute simultáneamente a través de la NATO, la Unión Europea, coaliciones minilaterales y nuevos instrumentos industriales. La conclusión de los autores es que Europa no puede elegir un solo camino. La NATO sigue siendo indispensable, pero los europeos deben poder funcionar de manera más coherente dentro de la Alianza, preparar formatos de acción entre estados dispuestos y capaces, y utilizar los instrumentos de la UE para financiación, industria, capacidades y solidaridad.
En este dossier, el análisis aborda tanto las vulnerabilidades militares de Europa como la arquitectura política a través de la cual los estados europeos pueden actuar en un entorno estratégico más duro. La apuesta no es reemplazar a la NATO por la UE, sino crear una capacidad europea lo suficientemente sólida para sostener la defensa del continente cuando el apoyo estadounidense sea incierto, retrasado o limitado.
El informe fue publicado en mayo de 2026 por CEPS, RUSI, Clingendael e IEP, en asociación con la Konrad Adenauer Stiftung Europe. El relator es Steven Blockmans, investigador senior y director de investigación en CEPS, con contribuciones escritas de Edward Arnold, Bob Deen y Daniel Gros. El grupo de trabajo fue presidido por Sauli Niinistö, ex presidente de Finlandia.
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