En el año 2026 (2001) estaba en plena fase final de elaboración de mi trabajo de licenciatura como futuro graduado en Ciencias Políticas. ¿El tema del trabajo? La crisis del gobierno de coalición, con dos estudios de caso, la crisis del gobierno Ciorbea y la crisis del gobierno Vasile. Política antigua para muchos, pero en realidad, historia política reciente.
Y de la experiencia política de entonces y de la actual, podemos decir que las particularidades de Rumanía – régimen democrático con sistema multipartidista, máxima fragmentación dentro de la coalición (cuatro partidos), formaciones políticas que representan segmentos de la sociedad completamente diferentes, por lo tanto tienen prioridades diferentes – son los ingredientes perfectos para crisis políticas prolongadas e inestabilidad crónica.
Precisamente por eso, en los tiempos que vivimos, con crisis superpuestas (energética, económica, de seguridad, etc.) y con una tensión permanente entre la necesidad de un gobierno eficiente y la representación plural de los segmentos de la sociedad, la responsabilidad institucional suprema de los principales actores políticos (primer ministro, líderes de partidos, presidente) es la acomodación de los partidos a través de negociaciones permanentes.
Por supuesto, no cualquier compromiso es legítimo; no se puede negociar la independencia de la justicia, los derechos fundamentales, las reglas democráticas.
Por otro lado, es natural que los partidos se nieguen a abandonar por completo los valores fundamentales o las promesas esenciales ante su electorado. Precisamente por eso, el arte de la negociación y el compromiso se vuelve esencial en tales momentos.
Sobre todo cuando sabes que tienes razón en ciertos temas macroeconómicos, la capacidad de hacer compromisos aceptables que no anulen la representación democrática o la integridad de algunos principios fundamentales es una prueba de responsabilidad institucional si esto mantiene la estabilidad de una coalición gubernamental cuya alternativa es el colapso económico o el ascenso seguro de fuerzas populistas radicales.
Por supuesto que el país no depende de un gobierno u otro. Pero en los próximos años, Rumanía solo podrá ser gobernada por coaliciones. Por lo tanto, el ejercicio del compromiso es esencial para cualquier forma de gobierno, actual o futura.
La única situación en la que nos libraríamos del tan vilipendiado "compromiso" será aquella en la que la mayoría absoluta (más del 50%) en las elecciones parlamentarias sea ganada por un solo partido. Tal situación no ha ocurrido desde principios de los años 90. Sin embargo, es perfectamente posible en 2028, si enterramos ahora el compromiso y así abrimos de par en par el camino dorado del populismo radical.
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