Qué ineptitud transformar las pequeñas disputas políticas internas en fisuras geopolíticas en las que unos están con la UE y otros con EE. UU. Creo que en Moscú hay una fiesta con músicos folclóricos.
¿Cómo vamos a elegir nosotros entre la UE y EE. UU.? Pues, en primer lugar, nosotros somos la Unión Europea. No podemos elegir ser o no ser la UE. Conforme a la Constitución, conforme a los tratados, conforme a la demografía, incluida la diáspora, nosotros somos la UE, con nuestra porción mayor o menor. No podemos elegir ser pro o contra la UE, porque no somos masoquistas. Es verdad que algunos han elegido entre ser rumanos o antirumanos cuando glorifican a los agresores y las dictaduras que traen guerra y pobreza, pero, aun así, aquí hablamos de excepciones.
Por otro lado, la relación con EE. UU. significa, no obstante, una garantía de seguridad que nadie más puede ofrecer en este momento. Es decir, algo valioso que nos brinda el lujo de vivir en paz, de que Rumanía sea soberana y europea a la vez, con derechos, libertades y democracia no alterados por regímenes autocráticos.
La mayoría de los rumanos son mucho más sensatos que muchos líderes políticos y formadores de opinión con pretensiones cuando dicen que ambas, la UE y EE. UU., son igual de importantes para nosotros. Si quieren ser verdaderos patriotas, estadistas maduros, apreciados por los ciudadanos de este país, o analistas/comentaristas responsables, salgan de esta polarización artificial, que podría resultar catastrófica para Rumanía y constituir una inmensa victoria para Rusia.
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