Miramos las cifras publicadas aquí por INSCOP durante la última semana y constatamos algunas cosas interesantes. El 64 % de los rumanos dice que los partidos deben llegar rápidamente a un compromiso para formar un gobierno. Si nos fijamos en la distribución según la intención de voto, vemos que los votantes del PNL y del USR son más reticentes a los compromisos que los del PSD o el AUR. Así que existe un núcleo de votantes del PNL/USR que realmente sigue la línea de sus respectivos partidos, aunque no está claro cuál sería la solución para salir del bloqueo que dura, en la práctica, desde mayo. ¿Habrá entrado por completo la idea de unas elecciones anticipadas en la estrategia del PNL y el USR?
Existe una teoría en el ámbito de nuestros partidos de centroderecha según la cual habría que dejar gobernar al AUR para que se dé de bruces con el mundo real y los votantes se harten también de ellos. No voy a discutir todos los matices de esta grandiosa idea, pero llamo la atención sobre el hecho de que en su centro no está el AUR, sino la disputa entre los partidos de centroderecha y el PSD. La batalla por el segundo puesto en las encuestas y la carrera por ver quién tiene un 18 y quién un 16 %.
Lo que nos lleva al segundo tema, la imagen de las hipotéticas opciones de voto de los rumanos en este momento, según nuestra encuesta. Ya saben, hay un dicho: no news is good news. No necesariamente. Esta imagen ha experimentado cambios menores durante el último año y medio. El AUR siempre ha estado entre el 38 y el 40 %, el PNL y el PSD se han intercambiado los puestos entre sí, como en el chiste sobre las personas ingresadas en el hospital psiquiátrico (no está bien llamarlos así, pero es más gráfico). “La buena noticia es que hoy se cambian de ropa; la mala noticia es que se la cambian entre ustedes”.
Hemos hablado mucho de esta pequeña tragicomedia de la formación del gobierno, y estos pequeños desplazamientos entre nuestros dos antiguos partidos dependen estrictamente de la evolución de dicho escenario. En cuanto uno presenta una excusa más creíble, la jerarquía se invierte en 2-3 puntos porcentuales. Después llega el momento de gloria del otro, y así sucesivamente, de giro en giro, como dicen los estadounidenses. Lo interesante de los últimos meses es que tenemos un paralelismo muy marcado entre las opciones teóricas del público y las opciones del público movilizado (que tiene más probabilidades de votar si mañana hubiera elecciones). Cuando los partidos soberanistas apenas irrumpían en nuestra escena política, la diferencia entre una preferencia general y la disposición a votar era visible. De ahí se desprende que la historia de que una gran movilización en las urnas ayuda a los partidos tradicionales podría dejar de ser un escenario plausible.
En el momento de la elección de Nicușor Dan, la legitimidad del sistema tradicional vino del relato de la unidad frente al peligro. El primer partido de la coalición que atacó ese relato, exactamente un año después de aquel momento, fue el PSD. Después también el PNL, el USR, etc. Si no resuelven urgentemente la crisis política, ahora que todos han vuelto de vacaciones, me temo que la recuperación de la confianza ya no podrá hacerse con consultores políticos, sino eventualmente con psicoterapeutas.
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