Después de la publicación del análisis psicocultural del país y del mundo de hoy, recibí una serie de preguntas relacionadas con la especificidad de Rumanía.
Decía en estos análisis anteriores que las instituciones (desde las sociales-civiles hasta las políticas) están provocadas en estos tiempos a cambiar en todos los países, bajo la presión de los movimientos anti-sistema, alimentados por la horizontalización de la democracia y la emancipación de las personas a través de internet-redes sociales y de la relativización de las reglas y de la verdad en este contexto.
Como ya he mostrado, en Rumanía la presión es mayor, porque la zona de analfabetismo funcional amplifica las conspiraciones y la agresividad, provocando más a las instituciones a través de actitudes anti-sistema.
Ahora completo explícitamente que el formato de las instituciones rumanas es uno jerárquico, de concentración del poder, lo que las vulnerabiliza adicionalmente. En realidad, como ya hemos discutido en la monografía dedicada a la psicología de los rumanos (en 2015), Rumanía tiene en el modelo del psicólogo holandés Hofstede uno de los mayores puntajes de concentración del poder social en la Unión Europea (90, en una escala de 0 a 100):
En las sociedades con concentración del poder social, la distancia psicosocial entre los líderes y los dirigidos es grande, estos últimos no siendo alentados a tener iniciativas y a participar en decisiones. En las sociedades con el poder social más distribuido, el poder está repartido entre diversas instituciones, y la participación de los dirigidos en decisiones está mejor representada.
Por lo tanto, el hecho de que las instituciones democráticas rumanas no se hayan consolidado lo suficiente después de la Revolución de 1989 y que en su estructura esté fuertemente presente el elemento jerárquico, de concentración del poder social, las vulnerabiliza mayormente en estos tiempos. Esto más allá de las causas generales internacionales (el movimiento anti-sistema) o las específicas (el analfabetismo funcional-conspiraciones-agresividad que amplifican el movimiento anti-sistema) ya discutidas.
Para permanecer en la paradigma de una sociedad moderna basada en el conocimiento, democrática y competitiva, nuestras instituciones deben reinventarse, a través del aumento de competencias y de procesos de horizontalización, especialmente en la línea de co-decisiones entre líderes y aquellos a quienes representan.
Recuerdo en este contexto, a título informativo y adicional, una evaluación psicocultural realizada junto con varios colegas, que muestra la distribución del poder social en el país, a diversos niveles (David, Bartucz, Matuș y Comșa, 2020).


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