Giuseppe Spatafora propone que los europeos puedan suspender las compras de energía o las inversiones en EE. UU. para disuadir la coerción, manteniendo la cooperación en los ámbitos de interés común. Un cambio de mayoría en el Congreso no eliminaría las tensiones transatlánticas, y el uso del acceso militar como medio de presión implicaría riesgos para la seguridad de Europa.
Europa debería preparar medidas que hagan más costosas las posibles presiones estadounidenses sobre los aliados, sin provocar una ruptura que debilitaría su defensa, recomienda Giuseppe Spatafora en un análisis del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea (EUISS). El autor advierte que las elecciones estadounidenses de mitad de mandato, en noviembre, no garantizan una relación más previsible con Washington, aunque los republicanos pierdan el control del Congreso.
En resumen
1.Las elecciones estadounidenses de noviembre no garantizan una normalización de la relación transatlántica, considera Giuseppe Spatafora. Incluso un Congreso controlado por los demócratas podría concentrarse en la política interna, mientras que Donald Trump podría recurrir más a las órdenes ejecutivas.
2.El autor propone suspender algunas formas de cooperación económica si Washington reanuda las presiones sobre los aliados. Las compras de energía y las inversiones en EE. UU. son ejemplos de posibles instrumentos, cuya credibilidad depende de la disposición de los europeos a asumir los costes.
3.El instrumento anticoerción de la UE ya cuenta con un procedimiento de examen y negociación, con medidas de respuesta como último recurso. Las recomendaciones del análisis sobre la suspensión de la cooperación no representan decisiones europeas adoptadas.
4.Una ruptura con EE. UU. podría debilitar la defensa europea antes de reducir las dependencias militares, advierte el análisis. El autor pide mantener la cooperación respecto a Ucrania y la OTAN y ofrecer vías de distensión paralelamente a las medidas de disuasión.
En el análisis publicado, Spatafora propone combinar la cooperación con Estados Unidos con una respuesta más creíble a las coerciones económicas o políticas. Entre las opciones se encuentran suspender algunas compras de energía o bloquear determinadas inversiones en EE. UU. si reaparecen las presiones. Son recomendaciones del autor, no medidas anunciadas por la Unión Europea.
El argumento parte de los límites de un cambio de mayoría en Washington. Un Congreso controlado por los demócratas podría constreñir a la administración mediante el presupuesto y las audiencias, admite el investigador. Pero los nuevos legisladores podrían concentrarse en los problemas internos y en el enfrentamiento con el presidente, sin dar prioridad a la eliminación de los aranceles o a revertir las reducciones de tropas en Europa. Tampoco es seguro el resultado de las elecciones, especialmente en el Senado.
Además, una oposición más fuerte en el Congreso podría empujar a Donald Trump a recurrir aún más a las órdenes ejecutivas en política exterior, considera Spatafora. Los fracasos políticos pueden limitar a la administración, pero «no eliminarán las fuentes profundas de las tensiones transatlánticas», escribe. El análisis pone así en duda la esperanza de que las dificultades electorales del presidente se transformen automáticamente en concesiones para los europeos.
Para explicar qué puede funcionar en lugar de esperar, el autor vuelve al enfrentamiento por Groenlandia. Según su relato, los europeos combinaron despliegues de tropas con presión comercial, incluida la amenaza de reactivar medidas de represalia dirigidas contra importaciones estadounidenses por valor de 93.000 millones de euros y la indicación de la posibilidad de utilizar el instrumento anticoerción. Spatafora considera que esta reacción, junto con el reducido apoyo interno a la anexión de Groenlandia, contribuyó a la retirada de la administración estadounidense.
La Comisión Europea explica que el instrumento anticoerción, en vigor desde el 27 de diciembre de 2023, implica un procedimiento, no una represalia automática. La Comisión examina el caso, el Consejo establece la existencia de coerción económica y la UE intenta alcanzar una solución negociada. Si estos esfuerzos fracasan, las medidas de respuesta pueden adoptarse como último recurso y pueden afectar, entre otros aspectos, a bienes, servicios, inversiones o contratación pública.
Spatafora propone que los europeos puedan suspender la cooperación en ámbitos importantes para Washington si este recurre de nuevo a la coerción. Las compras de energía y las inversiones se convertirían así en medios para aumentar el coste de la presión sobre los aliados. Sin embargo, su credibilidad depende de la disposición de los europeos a asumir sus propios costes, advierte el autor. Una amenaza difícil de llevar a la práctica tendría una capacidad de disuasión más reducida.
La opción militar es más arriesgada. El análisis evoca la posibilidad de que algunos países amenacen con restringir el acceso militar estadounidense en Europa como respuesta a presiones en otros ámbitos. Spatafora precisa, no obstante, que tal amenaza solo podría ser creíble para una parte de los aliados, mientras que otros se negarían a poner en peligro la cooperación en materia de seguridad. Una ruptura total con EE. UU. podría debilitar la disuasión antes de que los europeos sean capaces de defenderse por sí solos.
La unidad europea es otra condición que no puede darse por supuesta. En el caso de Groenlandia, la integridad territorial y la indivisibilidad del mercado único facilitaron una respuesta común, sostiene el autor. Sin embargo, las futuras presiones podrían estar diseñadas precisamente para dividir a los Estados miembros. Las coaliciones de países dispuestos a actuar conjuntamente, útiles para preparar la defensa, no son necesariamente suficientes cuando el objetivo es el mercado único. Spatafora recomienda también diferenciar las amenazas reales de las declaraciones destinadas principalmente a dominar la agenda mediática.
La disuasión debería ir acompañada de una salida negociada de la crisis. Spatafora identifica la actividad NATO Arctic Sentry y las conversaciones trilaterales con Dinamarca y Groenlandia como ejemplos de opciones que facilitaron la distensión. En su presentación del 11 de febrero, la OTAN describía Arctic Sentry como una actividad para reforzar la seguridad en el Ártico y el Extremo Norte, bajo el liderazgo del Mando de Fuerzas Conjuntas de Norfolk, que reúne actividades de la Alianza y de los aliados en un enfoque operativo común.
La cooperación debería protegerse allí donde los intereses sigan siendo comunes, sostiene el investigador. Señala la industria de defensa de Ucrania, la coordinación de la reconstrucción del país y la transferencia de responsabilidades dentro de la OTAN, para que no surjan lagunas en la disuasión. En su evaluación, estas relaciones pueden proporcionar a Europa el tiempo necesario para fortalecer su defensa y reducir las dependencias críticas. La condición es que el mantenimiento de la cooperación no refuerce en Washington la convicción de que presionar a los aliados reporta beneficios sin costes.
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