La Unión Europea está preparando una nueva Estrategia europea de seguridad en un contexto marcado por la guerra de Rusia contra Ucrania, la presión económica y tecnológica de China y la transformación de Estados Unidos en un socio más impredecible. En un análisis de Carnegie Europe, Pierre Vimont sostiene que el documento no debería ser solo un ejercicio institucional, sino una clarificación de la identidad estratégica europea, de las ambiciones de la Unión y de los socios con los que quiere restablecer el orden internacional basado en reglas.
La Unión Europea corre el riesgo de ser marginada si la nueva Estrategia europea de seguridad no aclara qué representa Europa, qué quiere llegar a ser y con qué socios quiere actuar, sostiene Pierre Vimont en un análisis de Carnegie Europe. El exdiplomático francés y senior fellow en Carnegie Europe afirma que el futuro documento debe ir más allá de la lógica de gestión de crisis y reconstruir la confianza en la capacidad política de la Unión para actuar como actor internacional.
En resumen
La Comisión Europea está preparando una nueva Estrategia europea de seguridad, con el objetivo de presentarla en torno al discurso sobre el Estado de la Unión de septiembre.
Carnegie Europe sostiene que el nuevo documento debe responder a los cambios provocados por la guerra de Rusia en Ucrania, el ascenso de China y la transformación de la relación transatlántica.
El análisis advierte que la estrategia corre el riesgo de provocar tensiones entre la Comisión y los Estados miembros, especialmente en defensa y financiación externa.
Pierre Vimont sostiene que la Unión Europea debe decidir si sigue centrada en la gestión de crisis o asume un papel de liderazgo en una alianza de países que desean reformar el orden multilateral.
El texto vincula la credibilidad de la estrategia a la capacidad de la UE de inspirar confianza en el interior de la Unión, en los países candidatos y en los socios externos.
El análisis parte de la decisión de la Comisión Europea de redactar una nueva Estrategia europea de seguridad solo unos años después de la Brújula Estratégica de la Unión. Vimont señala que un calendario así puede parecer sorprendente, pero muestra que el entorno estratégico de Europa ha cambiado profundamente debido a la guerra de Rusia contra Ucrania, el aumento de la dominación económica de China y la evolución de Estados Unidos de aliado confiable a socio impredecible y a veces coercitivo.
En este nuevo orden internacional, escribe Vimont, el poder duro ha vuelto al centro de la política global. La consecuencia es que la seguridad ya no solo concierne al ámbito militar, sino que influye en la política industrial, la energía, las tecnologías digitales, las materias primas críticas y las dependencias económicas que pueden ser utilizadas con fines políticos.
Carnegie Europe presenta la futura estrategia como una prueba de la identidad europea. Vimont sostiene que la Unión debe decidir si adopta un enfoque defensivo y orientado hacia el interior o si intenta liderar una alianza de Estados que desean reformar el orden multilateral. En esa misma lógica, la UE debe elegir entre la gestión de las crisis existentes y la formulación de una visión a largo plazo sobre el futuro orden de seguridad del continente.
El análisis advierte que el proceso no está exento de tensiones internas. Algunos Estados miembros temen que la nueva estrategia pueda ser utilizada por la Comisión para ampliar sus atribuciones en áreas sensibles, especialmente en defensa, adquisiciones comunes y cooperación entre las industrias de defensa. Vimont vincula estas reservas también a las negociaciones presupuestarias plurianuales, donde la defensa, la competitividad, la agricultura y los gastos sociales compiten por recursos.
La relación con Estados Unidos es otro problema central. El análisis se pregunta si la Unión Europea puede sacar conclusiones firmes de los cambios aún en desarrollo en la relación transatlántica, en condiciones en las que muchos Estados miembros evitan antagonizar a la administración estadounidense y prefieren ganar tiempo con la esperanza de volver a una relación más predecible.
Vimont sostiene que las estrategias creíbles deben vincular objetivos, medios y métodos de acción. En el pasado, las estrategias europeas a menudo han evitado una descripción directa de las amenazas, por miedo a nombrar adversarios o a clarificar la naturaleza de los riesgos que enfrenta Europa. La nueva estrategia debería evitar esta ambigüedad.
La lista de desafíos es amplia. En el plano geoestratégico, el análisis menciona el fortalecimiento de la defensa europea contra Rusia, la gestión de la difícil transición con Estados Unidos y la respuesta al ascenso económico, político y militar de China. En el plano de la influencia externa, el texto incluye la ampliación de la UE, la relación con los países del Sur Global, la inteligencia artificial, el cambio climático, la migración y la democracia.
Carnegie Europe advierte que los socios externos esperan de la Unión Europea una visión más creíble y ambiciosa. Vimont señala que Bruselas corre el riesgo de ser empujada gradualmente al margen, después de haber estado ausente o insuficientemente visible en las negociaciones relacionadas con Ucrania y en la crisis de Oriente Medio.
El análisis sostiene que la nueva estrategia debe transmitir un mensaje político claro sobre lo que Europa pretende hacer en un momento en que muchos socios han perdido la confianza en su capacidad de acción. El objetivo no es solo redactar un nuevo documento estratégico, sino restaurar la confianza en el liderazgo europeo.
Según Vimont, esta confianza debe ser reconstruida en varios niveles: entre los Estados miembros, en la relación con los países candidatos de los Balcanes y Europa del Este y en relación con los socios que buscan vínculos más fuertes con la Unión Europea. Si esto tiene éxito, la nueva estrategia podría transformar a Europa en un actor internacional más convincente y podría reavivar la idea del liderazgo europeo.
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