Los líderes de varias formaciones de extrema derecha de Europa han comenzado a distanciarse de Donald Trump después de que los demócratas obtuvieran la mayoría en ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos en las elecciones del 3 de noviembre. En sus declaraciones, atribuyeron el resultado a la guerra en Irán, al intervencionismo estadounidense y al aumento de los precios de los combustibles, evitando asociar directamente la derrota con el presidente estadounidense.
Jordan Bardella, líder de Agrupación Nacional en Francia, y Alice Weidel, colíder de AfD en Alemania, criticaron la política exterior de Trump. En Italia, Matteo Salvini y Roberto Vannacci aludieron al coste de la vida y a los efectos económicos del conflicto. El líder de Vox, Santiago Abascal, declaró que le preocupa la política de España, no la de Michigan.
En el Reino Unido, Rupert Lowe calificó el ataque contra Irán de «error catastrófico», mientras que Nigel Farage describió el resultado como una derrota contundente para los republicanos. A diferencia de ellos, Dan Dungaciu, vicepresidente de AUR, sostuvo que Trump no está debilitado automáticamente, sino que tendrá que negociar con mayor intensidad con un Congreso controlado por la oposición.
El analista Mujtaba Rahman considera que los líderes europeos intentan conservar las ventajas ideológicas del trumpismo sin ser asociados con el caos económico y la pérdida de popularidad de la Administración Trump.
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