El régimen chino está cambiando prioridades, poniendo énfasis en la seguridad nacional y la competencia con Estados Unidos, en detrimento del crecimiento económico. Recientemente, Pekín ha impuesto restricciones a las empresas chinas que desean invertir en el extranjero o colaborar con socios externos en áreas sensibles, justificando estas medidas por el aumento de los riesgos geopolíticos.
Un ejemplo notable es el caso de la empresa de inteligencia artificial Manus, que, aunque se trasladó a Singapur, fue impedida por las autoridades chinas de ser adquirida por Meta por razones de seguridad nacional. Este enfoque contradice el modelo de las últimas décadas, cuando China atrajo inversiones extranjeras, convirtiéndose en un centro manufacturero global. Además, Pekín ha adoptado medidas contra las empresas extranjeras que reducen la colaboración con proveedores chinos, en el contexto del deterioro de las relaciones con Occidente. La rivalidad con EE. UU. lleva a China a reforzar su control sobre tecnologías y empresas estratégicas.
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