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  2. Economía

¿Cómo utiliza la UE el acuerdo con India para rediseñar su poder económico?

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28 enero 2026, 11:20
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Economía
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El acuerdo de libre comercio UE-India no es solo "la madre de todos los acuerdos", sino la expresión de un cambio profundo de paradigma. En un mundo marcado por la fragmentación geopolítica, tensiones comerciales con EE. UU. y dependencias estratégicas frente a China, la Unión Europea transforma su política comercial en un instrumento de poder, autonomía y estabilidad. Así, UE-India se convierte en un laboratorio en el que Europa prueba si puede construir asociaciones globales sin sacrificar el control político y normativo.


"La madre de todos los acuerdos" es, antes que nada, el regreso político de Ursula von der Leyen. Después de meses de críticas sobre la concesión arancelaria ante la administración Trump, en un momento en que el comercio transatlántico se ha transformado de asociación en un instrumento de presión diplomática. Después del bloqueo jurídico impuesto por el Parlamento Europeo al acuerdo UE-Mercosur. Después de dos mociones de censura en el Parlamento Europeo que, aunque no pasaron, debilitaron su posición y la obligaron a negociar el doble. Después de todo esto, la presidenta de la Comisión necesitaba una señal de fuerza que reescribiera la percepción de la debilidad europea. De aquí la expresión entusiasta y deliberadamente hiperbólica de Ursula von der Leyen tras la conclusión del acuerdo con India.


Más allá de los símbolos, por bien orquestados que estén, no son suficientes para sostener una estrategia. La ofensiva comercial europea no puede seguir siendo un simple ejercicio de retórica o de acumulación de cifras impresionantes. Para resistir políticamente y producir consecuencias reales, la presidenta de la Comisión deberá, en el período siguiente, entregar sustancia estratégica y servir explícitamente al objetivo central de la Unión Europea: estabilidad, autonomía y la capacidad de asegurar su propia prosperidad en un mundo en el que la interdependencia económica ya no garantiza la seguridad, sino que se convierte cada vez más en una vulnerabilidad.


Más allá de Ursula von der Leyen, el acuerdo crea una zona de libre comercio de casi dos mil millones de personas y trata de demostrar que Europa ya no espera que el orden global se estabilice por sí mismo o sea dictado por Washington y Beijing, sino que intenta moldearlo activamente, a través del comercio, alianzas selectivas y proyectos de poder económico. Es un movimiento que abandona definitivamente las ilusiones del multilateralismo romántico y adopta la dura lógica del realismo comercial.


En resumen


El acuerdo UE-India marca un cambio de paradigma, transformando el comercio de un instrumento económico neutro en un instrumento de poder y autonomía estratégica.


La UE utiliza el acuerdo con India como ofensiva comercial en un contexto de tensiones con EE. UU. y de dependencias estratégicas frente a China.


A diferencia de Mercosur, UE-India implica un riesgo político interno más bajo y un riesgo geopolítico más manejable.


El acuerdo prueba la cooperación tecnológica, la diversificación de las cadenas de suministro y la capacidad de la UE para construir asociaciones sin alineación total.


La arquitectura jurídica está diseñada para una ratificación más predecible, con un papel central para el Parlamento Europeo.


Así, UE-India se convierte en un laboratorio de la nueva política comercial europea, centrada en la estabilidad, la resiliencia y la autonomía.


¿Qué contiene, concretamente, el acuerdo UE-India


El acuerdo UE-India es un documento denso, diseñado para funcionar simultáneamente como instrumento comercial, económico y estratégico. Supera la estructura clásica de un FTA (Acuerdo de Libre Comercio), centrado en aranceles y apertura de mercados, e integra capítulos que reflejan la nueva filosofía de la política comercial europea, centrada en la resiliencia, la seguridad económica y el control normativo.


En el centro del acuerdo se encuentra el acceso al mercado y la eliminación de aranceles, en una fórmula de liberalización amplia, pero cuidadosamente calibrada. La Unión Europea obtiene la eliminación o reducción de aranceles para más del 90% de sus exportaciones a India, especialmente en sectores como maquinaria y equipos industriales, productos químicos y farmacéuticos, automóviles, bienes de lujo y servicios. Paralelamente, el acuerdo evita la apertura total de capítulos agrícolas sensibles para la UE, protegiendo explícitamente sectores como la carne de res, el azúcar o el arroz. Esta asimetría controlada muestra que la liberalización no es total, sino estratégicamente orientada hacia los ámbitos en los que la UE tiene ventaja competitiva y bajo costo político interno.


Un segundo pilar importante es el comercio digital y la cooperación tecnológica. El acuerdo incluye capítulos dedicados a flujos de datos, servicios digitales, inteligencia artificial, semiconductores e infraestructuras digitales públicas. La UE e India asumen la cooperación en materia de estándares tecnológicos emergentes, interoperabilidad y desarrollo de ecosistemas comunes, sin renunciar a sus propios marcos regulatorios. Para la Unión, este capítulo es esencial ya que transforma la relación del área de exportación de tecnología en la de co-creación y co-estandarización, en una competencia global dominada hasta ahora por EE. UU. y China.


El acuerdo aborda explícitamente las cadenas de suministro y la seguridad económica. Se prevén mecanismos de cooperación para diversificar fuentes, reducir dependencias críticas y asegurar la continuidad del suministro en sectores estratégicos, incluyendo materias primas críticas, energía verde y componentes industriales. Estas disposiciones reflejan las lecciones de la pandemia y de las recientes crisis geopolíticas, transformando el FTA en un instrumento de resiliencia económica, no solo de crecimiento.


Un capítulo distinto está dedicado a las inversiones y la protección de la propiedad intelectual. El acuerdo refuerza las garantías para los inversores europeos en India y viceversa, fortalece la protección de las indicaciones geográficas y establece reglas claras sobre patentes, marcas y derechos de autor. A diferencia de las relaciones comerciales con China, el énfasis se pone en prevenir la transferencia forzada de tecnología y en el respeto de los derechos de propiedad intelectual, elementos considerados críticos para la aceptabilidad política del acuerdo en la UE.


El acuerdo reafirma, además, los compromisos de ambas partes con respecto a los convenios fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo, el Acuerdo de París y los estándares internacionales de medio ambiente. Aunque estas disposiciones están formuladas en un lenguaje más flexible que en los acuerdos con socios más cercanos normativamente, crean un marco de diálogo, monitoreo y cooperación, evitando tanto la condicionalidad rígida como la ausencia total de compromisos.


No por último, el acuerdo incluye un mecanismo modernizado de solución de disputas, diseñado para ofrecer predictibilidad y ejecutabilidad, sin socavar la autonomía normativa de la Unión Europea. Las disputas comerciales se tratan en un marco institucional claro, y los mecanismos están diseñados de tal manera que evitan situaciones en las que la legislación interna de la UE podría ser desafiada sistemáticamente por socios externos, una lección asimilada de las controversias generadas por acuerdos anteriores.


¿Por qué ahora


El momento no es en absoluto fortuito. El acuerdo UE-India se concluye en un período en el que la relación comercial con Estados Unidos está marcada por tensiones recurrentes, aranceles punitivos, coerción velada y una imprevisibilidad política que se ha vuelto estructural. Washington sigue siendo un aliado estratégico indispensable en materia de seguridad, pero uno cada vez más difícil y menos predecible en el plano económico, que utiliza el comercio como instrumento de presión y control, no como relación de asociación. En este contexto, la Unión Europea busca grandes socios, predecibles y lo suficientemente pragmáticos, capaces de ofrecer acceso a mercados masivos, a tecnología emergente y a cadenas de suministro alternativas, sin condicionalidades coercitivas, sin alineamientos ideológicos forzados y, sobre todo, sin el riesgo de que las reglas del juego cambien de la noche a la mañana.


A diferencia de los acuerdos defensivos del pasado, construidos sobre la lógica de limitar pérdidas y gestionar el declive industrial, este movimiento es ofensivo. Europa ya no negocia para sobrevivir a crisis internas o para calmar tensiones sectoriales, sino para construir activamente su autonomía estratégica. El hecho de que esta ofensiva comience en Asia, y no al otro lado del Atlántico, dice más sobre la dirección en la que se dirige la política de poder de la Unión Europea que cualquier declaración oficial o discurso sobre los valores transatlánticos.


La Unión Europea ha sentido directamente los cambios en el entorno internacional, tanto en la relación con China, donde las dependencias económicas se han transformado en vulnerabilidades estratégicas, como en la relación con Estados Unidos, donde los aranceles y las amenazas comerciales se han utilizado como instrumento político, incluso entre aliados. En este marco, el acuerdo UE-India no busca solo aumentar las exportaciones o abrir un mercado enorme, sino recalibrar la posición estratégica de la Unión en una economía global cada vez más conflictiva.


La diferencia con respecto al período de "globalización tranquila" es esencial. Los acuerdos de libre comercio han sido, tradicionalmente, construidos sobre la idea de neutralidad del comercio. Las reglas económicas funcionaban en un espacio relativamente separado de la política de seguridad, y los riesgos geopolíticos se consideraban excepciones manejables. Hoy, esta separación ha desaparecido. El acuerdo UE-India está diseñado explícitamente para responder a un mundo en el que la neutralidad económica ya no existe, y el acceso a mercados, tecnología y recursos forma parte de la competencia por influencia y estabilidad. Por eso, UE-India marca la salida definitiva de la política comercial europea de la zona técnica y su entrada en un registro abierto de estrategia y poder.


¿Qué prueba la UE a través de India


A través del acuerdo con India, la Unión Europea prueba un diseño estratégico que busca construir una asociación comercial importante sin desencadenar fracturas políticas internas y sin crear nuevas vulnerabilidades estructurales. A diferencia de Mercosur, donde la agricultura se convirtió en el punto central de tensión, India ofrece acceso a un mercado enorme sin un riesgo agrícola importante para la UE, permitiendo a la Comisión evitar una de las líneas rojas políticas más sensibles de los Estados miembros.


Una segunda prueba importante es la cooperación tecnológica. El acuerdo no se limita a la eliminación de aranceles, sino que está construido en torno a áreas consideradas críticas para el futuro económico y estratégico de la Unión, como la inteligencia artificial, los semiconductores, la infraestructura digital pública, 6G y las tecnologías verdes. La UE intenta verificar si puede pasar de una relación comercial clásica a una de co-producción tecnológica, en la que India no es solo proveedor o mercado de venta, sino socio en el desarrollo y la estandarización de tecnologías emergentes. Es una apuesta que va más allá de la economía y entra directamente en la competencia global por la soberanía tecnológica.


India es, al mismo tiempo, una prueba para la diversificación de las cadenas de suministro. Sin romper las relaciones económicas con China, la UE busca alternativas creíbles para sectores sensibles, desde materias primas críticas hasta componentes industriales y servicios digitales. India ofrece volumen, capacidad de crecimiento y una posición geopolítica que reduce el riesgo de una dependencia excesiva de un solo actor. El acuerdo UE-India es así un intento de construir resiliencia a través de la pluralidad, no mediante una sustitución abrupta.


En definitiva, la UE prueba a través de India la posibilidad de una asociación estable sin alineación total. India no es un aliado clásico en el sentido occidental y no busca integrarse en un bloque geopolítico liderado por la UE o EE. UU. Precisamente esta autonomía estratégica de India es atractiva para Bruselas. La Unión intenta ver si puede construir relaciones de confianza con actores que no exigen alineación política completa, pero que ofrecen previsibilidad e interés común a largo plazo. Desde esta perspectiva, India no es un sustituto de China o EE. UU., sino un socio de equilibrio, a través del cual la UE prueba su capacidad de navegar un mundo multipolar sin quedar atrapada en una lógica de bloques rígidos.


Los límites del laboratorio UE-India


Por muy ambicioso que se presente, el acuerdo UE-India no es un proyecto exento de límites y riesgos. La primera prueba de realismo radica en las diferencias de estándares. La Unión Europea opera con algunos de los estándares más altos del mundo en materia de medio ambiente, protección al consumidor, competencia y regulación digital. India, aunque se encuentra en un proceso acelerado de modernización, opera en un marco normativo diferente, con prioridades económicas y sociales distintas. El acuerdo prueba la capacidad de la UE de mantener estos estándares sin convertirlos en una barrera política o en una fuente permanente de conflicto con el socio indio.


Un segundo conjunto de límites se refiere al trabajo, el medio ambiente y la sostenibilidad, áreas sensibles tanto interna como externamente. La UE intenta integrar estos temas en todos los nuevos acuerdos comerciales, pero su aplicación en la relación con India es más compleja que en el caso de socios más cercanos normativamente. Las diferencias en la legislación laboral, la magnitud de la economía informal, la transición energética o el ritmo de la descarbonización pueden generar tensiones políticas, especialmente si se perciben en Nueva Delhi como formas de condicionalidad encubierta. Por esta razón, el acuerdo deberá ser gestionado a través de un delicado equilibrio entre la ambición normativa europea y el pragmatismo geopolítico.


Las limitaciones no son solo externas, sino también administrativas. La implementación de un acuerdo de esta magnitud requiere una sólida capacidad institucional de ambas partes: autoridades aduaneras eficientes, agencias de regulación funcionales, mecanismos de solución de disputas y cooperación técnica permanente. Tanto la UE como India se enfrentarán a una prueba de ejecución. Sin suficientes recursos administrativos y coordinación política constante, existe el riesgo de que las disposiciones avanzadas del acuerdo queden parcialmente inaplicadas o se apliquen de manera desigual.


Además, existe el riesgo de sobrecarga política del acuerdo. UE-India concentra expectativas comerciales, tecnológicas, de seguridad y geopolíticas en un solo instrumento. Esta densidad estratégica es una fuerza, pero también una vulnerabilidad. Cualquier bloqueo en un capítulo, ya sea relacionado con el trabajo, el medio ambiente, lo digital o la seguridad, puede producir efectos dominó sobre todo el acuerdo y puede afectar su credibilidad a largo plazo.


Diferencia con respecto a Mercosur. Dos modelos de riesgo diferentes


Comparar el acuerdo UE-India con el expediente UE-Mercosur es inevitable, ya que ambos ilustran tipos diferentes de riesgo político y estratégico para la Unión Europea. Mercosur se ha convertido, con el tiempo, en el ejemplo clásico de un acuerdo bloqueado no por razones geopolíticas externas, sino por el costo político interno concentrado. La agricultura, la protección de los agricultores, los estándares sanitarios y la presión de las ratificaciones nacionales han transformado a Mercosur en un campo de confrontación interna, donde la oposición es visible, organizada y electoralmente relevante en varios Estados miembros. El principal riesgo de Mercosur no ha sido la falta de lógica económica, sino la imposibilidad de construir un consenso político interno duradero.


En contraste, UE-India desplaza el centro de gravedad del riesgo. El costo social interno para la Unión es mucho más bajo, especialmente en agricultura, y la oposición política es difusa y menos movilizadora electoralmente. Los riesgos son, en cambio, geopolíticos y operativos: diferencias de estándares, complejidad de implementación, cooperación tecnológica y gestión de la relación con un socio grande, autónomo y no alineado. UE-India no desencadena reacciones defensivas masivas dentro de la Unión, pero exige una capacidad de gobernanza externa mucho más sofisticada.


¿Qué intenta evitar la UE? Lecciones del pasado


Una de las lecciones centrales proviene de la relación comercial con Estados Unidos, donde aranceles, sanciones y la aplicación extraterritorial de la legislación estadounidense han demostrado cuán rápido puede convertirse el comercio en un instrumento de coerción política, incluso entre aliados. UE-India intenta construir una relación más predecible, basada en reglas negociadas y mecanismos multilaterales, no en decisiones unilaterales. A diferencia de la relación transatlántica, donde los desequilibrios de poder son difíciles de corregir, la asociación con India ofrece un mayor espacio para la simetría política y la negociación a largo plazo.


Al mismo tiempo, la Unión intenta evitar los riesgos evidenciados por la relación con China, especialmente las dependencias estratégicas y la transferencia forzada de tecnología. La lección china ha mostrado que el acceso rápido a un mercado enorme puede venir acompañado de vulnerabilidades estructurales a largo plazo. UE-India está diseñado precisamente para reducir estos riesgos, mediante la diversificación de las cadenas de suministro, la cooperación tecnológica sobre bases más equilibradas y la protección de la propiedad intelectual.


En conjunto, estas lecciones explican por qué UE-India es un acuerdo calibrado, no maximalista. La Unión no busca una apertura completa y rápida, sino un equilibrio entre el acceso al mercado, la protección de intereses internos y el fortalecimiento de la autonomía estratégica.


Mercosur es percibido cada vez más claramente como un acuerdo "defensivo", negociado en una lógica de apertura comercial clásica, pero presionado en una Europa más sensible a la soberanía alimentaria, medio ambiente y protección social. UE-India, en cambio, es un acuerdo "ofensivo", concebido como un instrumento de reposicionamiento estratégico en un mundo fragmentado. No intenta defender el status quo, sino construir alternativas, nuevos mercados y asociaciones tecnológicas.


La lección de Mercosur es visible en la arquitectura de UE-India. La Comisión ha evitado deliberadamente la exposición en los capítulos más sensibles políticamente, ha calibrado el acceso agrícola y ha puesto énfasis en áreas con potencial estratégico positivo, como la tecnología, la industria, las cadenas de suministro y la movilidad cualificada.


¿Qué sigue, procedimental y políticamente


Tras el anuncio político de la conclusión de las negociaciones, el acuerdo UE-India entra en una fase institucional decisiva, en la que la diferencia entre un éxito diplomático y un expediente bloqueado se jugará en el procedimiento, el calendario y la gestión política de la ratificación. El primer paso es la publicación de los textos finales, capítulo por capítulo, momento que permitirá una evaluación jurídica y política detallada tanto por parte de los Estados miembros como del Parlamento Europeo. Solo a partir de este punto el acuerdo pasará del nivel de compromiso político al de control democrático y jurídico.


El proceso de ratificación está diseñado, en el caso de UE-India, para ser más predecible que en expedientes como Mercosur, precisamente por la arquitectura jurídica elegida. En derecho de la Unión Europea, la ruta de la ratificación depende de la base jurídica del acuerdo y de la distribución de competencias entre la Unión y los Estados miembros. Los acuerdos que entran predominantemente en la competencia exclusiva de la UE requieren la aprobación del Consejo y el consentimiento del Parlamento Europeo, sin ratificaciones en los parlamentos nacionales. En cambio, los acuerdos mixtos, como Mercosur, incluyen capítulos que pertenecen a competencias compartidas y desencadenan ratificaciones en todos los parlamentos nacionales, a veces también regionales, exponiendo el acuerdo a vetos políticos internos. En el caso de UE-India, la Comisión ha buscado deliberadamente limitar esta exposición, colocando el acuerdo tanto como sea posible en el ámbito de las competencias exclusivas de la Unión.


Esta opción se refleja en el contenido y la estructura del acuerdo. UE-India evita la inclusión de capítulos sensibles que forzarían ratificaciones nacionales complejas, como los mecanismos clásicos de protección de inversiones o disposiciones extensas de cooperación política. El énfasis recae en áreas gestionadas a nivel europeo, como el comercio de bienes y servicios, el comercio digital, la propiedad intelectual y las adquisiciones públicas. A través de esta arquitectura, el centro de decisión se desplaza hacia el Consejo y el Parlamento Europeo, donde los vetos individuales son más difíciles de ejercer y donde el proceso es, institucionalmente, más controlable. Este enfoque no elimina el debate político o el control democrático, pero reduce el riesgo de que la oposición nacional sectorial o crisis políticas internas bloqueen el acuerdo en su conjunto.


El Parlamento Europeo jugará un papel central en esta etapa. A diferencia del período de "globalización tranquila", el Parlamento ya no acepta el papel de simple validador de los acuerdos negociados por la Comisión. El acuerdo UE-India será evaluado no solo en términos de beneficios económicos, sino también en su coherencia con los objetivos estratégicos de la Unión, como la autonomía estratégica, la protección de estándares, la seguridad económica y la política exterior. La diferencia con respecto a Mercosur es que, en el caso de India, el Parlamento está involucrado desde el principio en la lógica política del acuerdo, lo que reduce el riesgo de un bloqueo tardío que surja después de años de negociación.


Esta diferencia en la trayectoria institucional explica por qué UE-India tiene mayores posibilidades de entrar efectivamente en vigor. El acuerdo no está construido como una prueba máxima de apertura comercial, sino como un compromiso estratégico entre ambición y manejabilidad. Las lecciones de los expedientes bloqueados han sido internalizadas antes de la firma, no después, lo que aumenta la probabilidad de que UE-India sea uno de los raros acuerdos importantes de la Unión que no solo se firman, sino que también funcionan a largo plazo.


https://2eu.brussels/ro/analize/cum-foloseste-ue-acordul-cu-india-pentru-a-si-redesena-puterea-economica

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