Casi todos los ejemplares de espigón y navaja analizados, así como dos tercios de los mejillones estudiados, contienen microplásticos, con implicaciones potencialmente graves para la salud humana. En comparación con la costa búlgara, Rumanía presenta un nivel más alto de contaminación, explicado por la aportación de residuos plásticos del Danubio. Los investigadores han descubierto que los microplásticos se acumulan en los organismos marinos, y su transferencia se produce de presa a depredador. La mayoría de las partículas identificadas son fibras, y los biólogos subrayan que el plástico no es biodegradable. Además, los colillas de cigarrillos y otros residuos plásticos son frecuentemente encontrados en la costa. Los especialistas advierten que el tratamiento térmico del plástico puede generar sustancias tóxicas, y el consumo de pescado contaminado podría llevar a enfermedades graves, incluido el cáncer. La Unión Europea se propone reducir la liberación de microplásticos en un 30% para 2030, en el marco de un plan más amplio para proteger los ecosistemas.
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