Los líderes del PSD se reunieron el martes para decidir la posición del partido tras la designación de Luca Niculescu para el cargo de primer ministro por parte del presidente Nicușor Dan. Durante la reunión, Sorin Grindeanu pidió un mandato abierto para las negociaciones y transmitió que el PSD está dispuesto a entrar en el Gobierno, pero no en cualquier condición.
Grindeanu expresó su decepción por no haber sido designado primer ministro y calificó la propuesta de «con perfil externo, no conflictivo, al estilo de Cioloș», de la que dijo que «no tiene ninguna relación con el electorado del PSD». Precisó que no apoya un Gobierno formado exclusivamente por el PSD y que no quiere que el partido dependa de Ilie Bolojan.
Durante las conversaciones, varios líderes pidieron negociaciones directas con Luca Niculescu, seguidas de una decisión sobre la entrada en el Gobierno. Daniel Zamfir habló de un Gobierno de seis meses, destinado a desbloquear la situación, mientras que Gheorghe Șoldan advirtió que el PSD no será perdonado si mantiene la inestabilidad. Bogdan Ivan sostuvo, sin embargo, que el partido no debe entrar en el Gobierno «a cualquier precio».
Otros líderes abogaron por permanecer en la oposición. Gabriel Zetea consideró que participar en el Gobierno sería un error, mientras que Vasile Dîncu dijo que el PSD fue enviado a la oposición. Alfred Simonis afirmó que la asociación con Nicușor Dan «ha empezado a perjudicar» al partido y no descartó el escenario de elecciones anticipadas.
Al final, Grindeanu habría transmitido a sus colegas que es «un momento de inflexión para el PSD» y que el partido debe sopesar cuidadosamente la decisión. Las conversaciones no concluyeron con una decisión definitiva sobre la entrada en el Gobierno.
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