Las reacciones desde Moscú son severas, con funcionarios rusos catalogando la decisión como un acto hostil y una grave desviación de las relaciones tradicionales entre los dos países. Alexei Zhuravlev, primer vicepresidente del Comité de Defensa de la Duma Estatal, subrayó que esta orientación plantea interrogantes sobre el interés de la OTAN en Kazajistán, sugiriendo que el país podría convertirse en un bastión rusófobo. Zhuravlev destacó un distanciamiento constante de Kazajistán respecto a Moscú, mencionando el abandono del idioma ruso y del alfabeto cirílico, así como el apoyo a Ucrania. En contraste, las autoridades kazajas justifican la decisión por la necesidad de asegurar su seguridad y autonomía militar, teniendo en cuenta la dependencia del armamento soviético y los suministros de Rusia. Kazajistán ha lanzado el proyecto nacional ASPAN, que tiene como objetivo construir unidades industriales para la producción de municiones, incluidas las compatibles con los estándares de la OTAN, con una inversión estimada de mil millones de dólares. La primera fábrica debería estar operativa en 2027. Esta decisión podría intensificar las tensiones entre los dos estados en el futuro.
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