El lunes, Irán fue testigo de las protestas más grandes en los últimos tres años, desencadenadas por la dramática caída de la moneda nacional, el rial, que alcanzó un mínimo histórico frente al dólar estadounidense. La renuncia del jefe del Banco Central, Mohammad Reza Farzin, amplificó el descontento de la población. Las protestas comenzaron en los bazares de Teherán y se extendieron a otras ciudades, incluyendo Isfahan y Shiraz, con los comerciantes cerrando sus tiendas y pidiendo solidaridad.
El presidente iraní, Massoud Pezeshkian, hizo un llamado a escuchar las demandas legítimas de los manifestantes, que enfrentan una hiperinflación galopante y un aumento en el costo de vida. Además, la continua depreciación del rial ha llevado a una severa volatilidad económica, y los precios de los productos básicos han aumentado alarmantemente, afectando las ventas y provocando una crisis de confianza entre los comerciantes y los consumidores.
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