La guerra desencadenada el 28 de febrero por la ofensiva israelí-estadounidense contra Irán ha perturbado gravemente el flujo de mercancías en el Golfo Pérsico, provocando un aumento significativo en los precios de los alimentos. Los habitantes de la región observan que los precios de la carne casi se han duplicado.
La mayoría de los puertos de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Baréin han suspendido sus actividades, y el transporte aéreo opera a capacidad reducida debido a los ataques iraníes.
Arabia Saudita se ha convertido en un punto central de suministro en la región del Golfo Pérsico, ya que su espacio aéreo permanece abierto, y el tráfico marítimo hacia sus puertos en el Mar Rojo continúa.
Los estados del Golfo Pérsico enfrentan desequilibrios evidentes ante esta situación. Arabia Saudita se beneficia de acceso directo al Mar Rojo, mientras que los Emiratos Árabes Unidos afirman que disponen de reservas para cuatro hasta seis meses. Qatar ha fortalecido significativamente sus reservas estratégicas tras el bloqueo impuesto por sus vecinos entre 2017 y 2020.
En cambio, Baréin y Kuwait ya sienten los efectos del conflicto, con sus consumidores soportando el aumento de precios.
Los supermercados de la región intentan mantener existencias de bienes no perecederos y transportar productos frescos a través de vuelos especiales.
No obstante, los expertos advierten que, en el contexto de una guerra prolongada, los riesgos de aumento de los precios de los alimentos siguen siendo altos.
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