Contexto: las protestas en Francia se han intensificado hasta convertirse en actos violentos, y el Gobierno ha comenzado a imponer restricciones y a movilizar fuerzas de seguridad
En las protestas del pasado fin de semana, las manifestaciones contra el elevado coste de la vida degeneraron en enfrentamientos con la policía, saqueos e incendios provocados. En París se realizaron detenciones significativas (855 personas), y posteriormente el balance llegó a aproximadamente 1.200 detenciones. Asimismo, el primer ministro Sébastien Lecornu anunció que 150 policías y gendarmes resultaron heridos.
Las autoridades restringieron la movilidad y las reuniones en la capital (incluida la prohibición de reuniones en los Campos Elíseos, en zonas cercanas a edificios públicos y estaciones de tren), mientras que la policía prohibió temporalmente el transporte de bidones y botellas con gasolina o gas. El Gobierno también anunció el inicio de una investigación sobre los disturbios, en un contexto en el que el ministro del Interior Laurent Nuñez presentó en el Parlamento un plan de seguridad y, para misiones de vigilancia estática, militares de la Operación Sentinelle (alrededor de 10.000 militares, principalmente cerca de objetivos sensibles) habían sido movilizados anteriormente y durante acontecimientos importantes como los Juegos Olímpicos de 2024.