Casi ocho millones de suecos están llamados a las urnas el domingo para las elecciones legislativas, en una contienda reñida que puede conducir ya sea a la formación de un nuevo gobierno de izquierdas, liderado por la socialdemócrata Magdalena Andersson, o al mantenimiento de la actual coalición de derechas, encabezada por el primer ministro Ulf Kristersson.
El bloque de izquierdas tuvo una ventaja importante durante varios meses, pero la diferencia se redujo considerablemente en las últimas dos semanas de campaña. El resultado puede tener consecuencias para la seguridad de Europa y para el debate sobre la integración de la extrema derecha en los gobiernos europeos.
El Parlamento sueco, el Riksdag, tiene 349 escaños, y los mandatos se distribuyen proporcionalmente. Los partidos deben obtener al menos el 4 % de los votos nacionales para entrar en el poder legislativo, y la foarmación de coaliciones es una práctica habitual. Las elecciones parlamentarias se celebran simultáneamente con las regionales y locales.
Kristersson dirige el gobierno de derechas con el apoyo de los Demócratas Suecos, partido de extrema derecha liderado por Jimmie Åkesson, que ha respaldado al ejecutivo sin ocupar, hasta ahora, carteras ministeriales. El primer ministro ha anunciado que, en caso de victoria, podría ofrecerles cargos en el gobierno, una decisión criticada por Magdalena Andersson.
Lo que está en juego en estos comicios es, por tanto, también la entrada de la formación liderada por Jimmie Åkesson en el gabinete sueco.
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