Antes del anuncio en Bolivia, la Organización Meteorológica Mundial advertía que el fenómeno de El Niño se intensificaría en los meses siguientes, pudiendo alcanzar su apogeo en diciembre y persistir hasta febrero de 2027, en un contexto de una probabilidad cercana al 100 %. Las estimaciones de la OMM indicaban un aumento de las temperaturas por encima de la media en el océano Pacífico ecuatorial, con una previsión para octubre–diciembre de aproximadamente 3,7 grados Celsius por encima de la media.
Asimismo, la Organización Meteorológica Mundial y la OMS instaban a los sistemas sanitarios a prepararse para la máxima intensidad, dado que estos episodios pueden amplificar los riesgos de calor extremo, sequía, inundaciones e incendios, incluso mediante efectos sobre la transmisión de ciertas enfermedades. Paralelamente, los investigadores estimaban que la variante «extrema» podría provocar decenas o cientos de miles de muertes adicionales relacionadas con el calor entre junio de 2026 y marzo de 2027, mientras que, en el ámbito meteorológico, el Pacífico había alcanzado temperaturas superiores a los 30 °C, señal de que se estaba formando un episodio extremo.