En un análisis dedicado al futuro económico de Rumanía, Leonardo Badea, primer vicegobernador del Banco Nacional de Rumanía, sostiene que la confianza es un factor esencial para las decisiones de los hogares, las empresas y las autoridades. La novedad de esta perspectiva es la propuesta de considerar la confianza como un cuarto capital, junto al capital financiero, físico y humano.
Los comportamientos económicos no están determinados únicamente por indicadores como la inflación, el PIB, los salarios o el crédito, sino también por percepciones y expectativas. En condiciones de incertidumbre, estas influyen en el consumo, el ahorro y las inversiones, a veces antes de que los cambios sean visibles en las estadísticas oficiales.
Badea cita las ideas de Adam Smith y John Maynard Keynes, así como las contribuciones de la economía conductual y de Robert Shiller sobre el papel de las narrativas. Los indicadores de confianza pueden anticipar puntos de inflexión, pero deben interpretarse junto con los datos de la economía real, ya que son volátiles y pueden generar señales falsas.
La confianza reduce los costes de coordinación, prolonga el horizonte de las decisiones y favorece las inversiones. Para que sea útil, su medición debe realizarse de forma constante, comparable y diferenciada por regiones, generaciones y categorías de ingresos.
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