En un centro comercial de Shanghái, un cajero automático que compra oro ha atraído a una multitud de personas ansiosas por aprovechar el vertiginoso aumento del precio del oro. El precio de la onza ha superado los 5.500 dólares, y los chinos están vendiendo joyas familiares, como monedas y anillos heredados, por algunos miles de yuanes. Wu, una vendedora, obtuvo 10.000 yuanes por un anillo heredado, destacando que el oro se ve como un refugio seguro en tiempos de incertidumbre.
Las automatizaciones permiten una evaluación transparente del oro, y los clientes reciben el dinero a través de una transferencia bancaria rápida. Zhao, otra vendedora, confió más en el cajero automático que en los corredores tradicionales, apreciando el proceso abierto. China, el mayor consumidor de oro del mundo, continúa invirtiendo en este metal precioso, y el cajero automático ha generado un entusiasmo considerable entre los vendedores.
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