El rápido crecimiento de la inteligencia artificial no debe provocar tensiones adicionales en el mercado energético ni facturas más altas para los hogares y el resto de la economía, advirtió Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una transición limpia, justa y competitiva. En un discurso pronunciado en París el 7 de octubre, Ribera pidió que el debate sobre la IA vaya más allá de los chips, los modelos y los datos, e incluya los recursos físicos necesarios para esta tecnología. La ubicación de los centros de datos, el acceso a la red, el consumo de agua y la concentración del control sobre la capacidad de cálculo se convierten, desde este enfoque, en cuestiones de política energética y competencia.
En resumen, Ribera afirma que el desarrollo de la IA requiere grandes cantidades de electricidad y agua, adicionales a la demanda existente. La ubicación de los centros de datos debe coordinarse con la disponibilidad de las redes y el precio de la energía, sin trasladar los costes a los hogares y otros sectores. La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos se más que duplicará de aquí a 2030. El acceso a la energía, la capacidad de cálculo y los datos influirá en quién puede desarrollar productos de IA y quién puede competir en el mercado. Ribera no anunció un impuesto para los centros de datos ni una investigación antimonopolio. Presentó el problema como una cuestión de infraestructura, energía y funcionamiento de los mercados.
Gran parte de la competencia mundial por la inteligencia artificial se describe en términos de la potencia de los chips, el acceso a los modelos, el volumen de datos y la capacidad de cálculo. Ribera llamó la atención sobre la infraestructura física que hay detrás de estos elementos y afirmó que el desarrollo de la IA requiere grandes cantidades de agua y electricidad, que deben estar disponibles y ser fiables por encima de las necesidades actuales de la economía. El problema surge en un momento en que la UE intenta electrificar simultáneamente la industria, el transporte y los edificios, por lo que los nuevos centros de datos solicitarán conexiones a las mismas redes de las que dependen las fábricas, los proyectos de descarbonización y los consumidores. Para los inversores, Ribera señaló tres elementos decisivos: el precio de la energía, la posibilidad de conectarse a la red y la previsibilidad del marco de política pública.
La transparencia sobre la capacidad disponible en las redes se vuelve así relevante para elegir los lugares donde pueden desarrollarse los centros de datos. Una inversión puede contar con capital suficiente y acceso a la tecnología, pero su ubicación también depende de la existencia de una conexión eléctrica capaz de atender un consumo elevado y constante. Esta presión difiere del problema del consumo total a escala europea, ya que los centros de datos tienden a concentrarse geográficamente y pueden crear cuellos de botella o necesidades adicionales de infraestructura en determinadas regiones.
Ribera citó las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía, según las cuales el consumo mundial de electricidad de los centros de datos se más que duplicará de aquí a 2030. La AIE estima un aumento desde aproximadamente 415 TWh en 2024 hasta unos 945 TWh al final de la década, con la IA como principal motor de esta evolución junto con la expansión de otros servicios digitales. A escala mundial, los centros de datos seguirían representando menos del 3% de la demanda total de electricidad, aunque esta media oculta la concentración del consumo en determinados sistemas locales y regionales. Para las autoridades y los operadores de red, el desafío pasa a ser integrar la nueva demanda sin retrasos excesivos en las conexiones y sin trasladar costes desproporcionados a los demás consumidores.
Ribera relacionó explícitamente este último problema con los hogares. La vicepresidenta ejecutiva sostuvo que el desarrollo de la infraestructura europea de IA debe evitar que la competencia por la electricidad genere tensiones de precios o una carga social para el resto de la economía. El discurso no contiene una propuesta para limitar el consumo de los centros de datos ni el anuncio de un impuesto europeo aplicable a estos. El mensaje se refiere a la forma en que los costes y la infraestructura necesarios para la IA deben integrarse en la planificación energética, de modo que el desarrollo de un sector estratégico no afecte a la asequibilidad de la energía para otros sectores y para los ciudadanos.
La segunda parte del problema se refiere a quién controla los recursos necesarios para construir sistemas de IA. Ribera incluyó aquí la energía, la capacidad de cálculo y los datos, y argumentó que el acceso a estos recursos influirá directamente en las empresas que puedan innovar y entrar en el mercado. Si la infraestructura esencial acaba concentrada en manos de un número reducido de compañías, las empresas más pequeñas y la nueva generación de desarrolladores europeos pueden encontrar barreras antes de poder competir efectivamente. En su opinión, la movilización de fondos públicos para ampliar las capacidades debe crear oportunidades también para las nuevas empresas, no consolidar exclusivamente las posiciones de los actores ya dominantes.
Por este motivo, Ribera vincula la ambición industrial europea en materia de IA con la aplicación de las normas de competencia. El control de las concentraciones y los instrumentos antimonopolio siguen siendo relevantes en una economía en la que el acceso a la infraestructura puede determinar la estructura del mercado, y la Comisión está actualizando actualmente las directrices utilizadas para evaluar fusiones y adquisiciones. La revisión no se refiere exclusivamente a la IA, pero debe adaptar el análisis de las concentraciones a los cambios tecnológicos y económicos, incluido el papel de la innovación, los activos estratégicos y los mercados en los que el acceso a los recursos se convierte en una condición de entrada.
Para las grandes plataformas digitales, Ribera también señaló la Ley de Mercados Digitales como instrumento complementario. El reglamento busca mantener abiertos y disputables los mercados digitales mediante las obligaciones impuestas a las empresas designadas como guardianes de acceso. La referencia a estos instrumentos no significa que los operadores de centros de datos o las empresas que desarrollan inteligencia artificial hayan infringido automáticamente la legislación europea. Ribera no anunció en París una investigación antimonopolio ni señaló una fusión o empresa concreta como problemática.
La orientación presentada por la vicepresidenta de la Comisión es preventiva: Europa quiere aumentar su propia capacidad de inteligencia artificial, pero esta expansión debe prepararse junto con las inversiones energéticas y las normas que mantienen los mercados accesibles. Las redes deben poder absorber la demanda adicional, la producción de energía debe crecer lo suficiente para respaldarla y la información sobre la capacidad disponible debe permitir tomar mejores decisiones de ubicación. Paralelamente, el acceso a la electricidad, la capacidad de cálculo y los datos no debe convertirse en una barrera que impida la aparición de nuevos competidores europeos.
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