Europa debe acudir a la próxima cumbre de la OTAN con un plan concreto para asumir gradualmente una mayor parte de su propia disuasión convencional, sostiene Steven Everts en un análisis del Instituto de la Unión Europea para Estudios de Seguridad. El texto advierte que la relación transatlántica se ha agrietado, que la guerra desatada por Donald Trump contra Irán puede desviar recursos necesarios para Ucrania y Europa, y que el debate europeo no debe reducirse a intentar complacer al presidente estadounidense.
Europa debe concentrarse en organizar su propia defensa y en reducir las dependencias militares frente a Estados Unidos, no en construir un mensaje político destinado a complacer a Donald Trump, sostiene Steven Everts en un comentario publicado por el Instituto de la Unión Europea para Estudios de Seguridad. El análisis advierte que la relación transatlántica se ha agrietado, y que la Unión Europea debe preparar un plan concreto para la disuasión convencional, incluyendo con menos apoyo americano.
En resumen
1.EUISS sostiene que Europa debe prepararse para la defensa y disuasión con menos apoyo americano.
2.El análisis advierte que la guerra desatada por Donald Trump contra Irán puede afectar los recursos necesarios para Ucrania y Europa, incluyendo la defensa antiaérea, la munición y la atención política.
3.Steven Everts dice que Europa tiene los recursos económicos, tecnológicos y demográficos para asumir la disuasión convencional.
4.El plan propuesto debería cubrir defensa antiaérea, ataques de largo alcance, satélites, inteligencia, mando y control.
5.El análisis advierte que la discusión no debería comenzar con el lema "ejército europeo" ni con la componente nuclear, sino con una doctrina europea de disuasión.
El comentario parte del debate recurrente sobre la organización de la defensa europea, acelerado por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y por las dudas expresadas por este sobre el compromiso americano en el marco del artículo 5 de la OTAN. Everts escribe que la cumbre de la OTAN del año pasado en La Haya no resolvió el problema solo porque los estados europeos aceptaron alcanzar gastos de defensa del 5% del PIB.
El autor sostiene que las grietas en la relación transatlántica son reales, y que la desconfianza es igualmente real. Cita una tendencia de la opinión pública europea, según la cual el 73% de los ciudadanos de la UE dicen que Europa "debe seguir su propio camino".
Everts vincula la urgencia de la discusión con la guerra de Trump contra Irán. Aunque los europeos pueden decir que "esta no es nuestra guerra", el análisis sostiene que sigue siendo un problema de Europa, a través de riesgos de escasez energética, desaceleración del crecimiento económico y posibles aumentos en las tasas de interés.
La dimensión militar se describe como aún más grave. Los recursos que Ucrania y Europa necesitan, desde defensa antiaérea y munición hasta implicación política, pueden ser redirigidos, retrasados o utilizados como instrumento de presión. Washington ya ha transmitido que habrá retrasos en la entrega de pedidos ya realizados, lo que afecta a Ucrania y puede crear vacíos en la defensa europea.
El problema central no es, en el análisis de EUISS, que Estados Unidos quiera que Europa asuma más responsabilidad por su propia defensa. Everts considera que este cambio es inevitable y justificable. El riesgo proviene del hecho de que Donald Trump trata la transferencia de responsabilidad como un instrumento de recompensa y castigo personal, en función de sus relaciones políticas con diferentes gobiernos europeos.
El autor critica también el riesgo de que la cumbre de la OTAN se construya en torno a una narrativa del tipo: Europa gasta más, se acerca al umbral del 5%, y todo esto ocurre gracias al liderazgo de Trump. En un marco así, Europa perdería de vista el problema esencial: cómo organiza su disuasión frente a Rusia, donde es necesario, con mucho menos apoyo americano.
Everts sostiene que Europa no está desprovista de poder. El continente tiene recursos financieros, tecnológicos y demográficos suficientes para asumir la tarea de la disuasión convencional. Si Ucrania se incluye en esta ecuación, Europa dispone de drones, capacidades de guerra electrónica y aproximadamente un centenar de brigadas preparadas para combatir.
El principal obstáculo se describe como psicológico. La pregunta formulada por el autor es si los europeos están dispuestos a pensar y actuar en términos de poder europeo y disuasión, incluyendo la superación de algunos tabúes políticos.
La propuesta central es que Europa acuda a la cumbre de la OTAN con un plan europeo de transición. El objetivo no sería empujar a Estados Unidos fuera de la defensa europea, sino evitar una retirada americana desordenada que debilitaría la disuasión.
El plan debería incluir un programa de urgencia para las capacidades de las que Europa depende ahora de los americanos: defensa antiaérea, ataques de largo alcance, satélites, inteligencia, mando y control. Everts sostiene que estas capacidades deben ser adquiridas y organizadas a nivel europeo.
El análisis insiste también en cómo se gastará el dinero adicional para defensa. Los cientos de miles de millones de euros que ahora entran en el sector de defensa deberían ser utilizados en gran parte en Europa, no para la compra de armas de Estados Unidos. El autor señala que aproximadamente el 60% de las nuevas adquisiciones de armamento se compran actualmente en EE. UU., y esto limita tanto la velocidad de las entregas como el apoyo público para el aumento de los gastos europeos.
La estructura integrada de mando se presenta como una de las contribuciones más importantes de la OTAN. Para defenderse, Europa necesita no solo armas y tecnología, sino también una estructura con experiencia en planificación, preparación y acción conjunta. Everts propone que los europeos discutan concretamente cómo puede ser europeizada esta estructura de mando, incluyendo la posibilidad de que la función de comandante supremo aliado en Europa sea asumida por un británico.
El comentario advierte sobre dos trampas. La primera es comenzar la discusión bajo la etiqueta de un "ejército europeo", ya sea como un proyecto positivo o como un espantapájaros político. Everts sostiene que el objetivo no es un ejército de la UE, sino construir la disuasión y la doctrina europea.
La segunda trampa es comenzar la discusión con la dimensión nuclear. La componente nuclear forma parte de la disuasión, pero, en el análisis de EUISS, debe ser el punto final de la independencia europea, no el punto de partida del debate. La sombrilla nuclear americana sigue vigente, y la europeización de la fuerza nuclear francesa está aún lejana.
La conclusión de Everts es que Europa debe moverse más rápido para organizar su propia defensa. Aquellos que se concentran solo en mantener a Trump en la OTAN aceptan que el presidente estadounidense establezca la agenda y los términos. Aquellos que vienen con un plan propio transforman la seguridad europea en una responsabilidad europea.
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