Los productos alimentarios y las bebidas de la Unión Europea tienen una mejor reputación por su calidad que por su relación calidad-precio entre los consumidores urbanos encuestados en 11 países de fuera de la UE. Un Eurobarómetro muestra que el 83% de los encuestados los considera de buena calidad, mientras que el 70% valora favorablemente lo que recibe por el dinero pagado. Entre quienes ya consumen productos europeos, el 40% afirma que unos precios más bajos les animarían a consumir más.
En resumen Los productos de la UE son valorados por su calidad por el 83% de los encuestados, por su sabor por el 82% y por su seguridad por el 81%. La relación calidad-precio recibe un 70% de valoraciones favorables, por lo que sigue siendo positiva para una mayoría. Entre quienes ya consumen productos de la UE, el 54% señala una mejor calidad como motivo para consumir más, el 41% un mejor sabor y el 40% precios más bajos. Se permitían hasta tres respuestas, y las opciones no representan compromisos de compra. En China, el 91% valora la calidad de los productos europeos, pero el 58% considera buena su relación calidad-precio. La encuesta mide percepciones y no establece qué precios eliminarían esta diferencia. Las 11.119 entrevistas se realizaron en línea en febrero de 2026, con personas de entre 20 y 55 años del ámbito urbano. Los resultados no representan a toda la población de los 11 países, y los cambios metodológicos limitan las comparaciones con 2021.
El informe, fechado en marzo de 2026 y presentado por la Comisión en julio, se basa en 11.119 entrevistas en línea realizadas por Demoscopy entre el 4 y el 11 de febrero, a petición de la Agencia Ejecutiva Europea de Investigación. Fueron entrevistadas personas de entre 20 y 55 años del ámbito urbano, un segmento elegido por su mayor acceso a alimentos importados. Los resultados no pueden extrapolarse a toda la población de los países estudiados.
La calidad es también el criterio más mencionado al elegir alimentos en general, seleccionado por el 76% de los encuestados. Le siguen el sabor, con el 56%; el precio, con el 45%; y la seguridad, con el 41%. Los participantes podían elegir como máximo tres factores, por lo que los porcentajes muestran qué elementos figuran entre las prioridades declaradas, sin medir por separado el efecto de cada uno en las compras. La pregunta se refería a todos los productos agrícolas, alimentos y bebidas, independientemente de su origen.
Cuando la pregunta se limita a aquello que llevaría a los consumidores actuales a consumir más productos de la UE, el precio sigue siendo importante, pero no ocupa el primer lugar. Una mejor calidad es señalada por el 54%, un mejor sabor por el 41% y unos precios más bajos por el 40%, también con un máximo de tres respuestas posibles. Se trata de condiciones hipotéticas para aumentar el consumo, no de promesas de compra ni de una medición de las cantidades que las personas aceptarían pagar.
La imagen de los productos europeos sigue siendo predominantemente favorable. Además del 83% de valoraciones positivas de la calidad, el 82% de los encuestados los considera sabrosos y el 81% seguros. El 70% de respuestas favorables sobre la relación calidad-precio representa, a su vez, una mayoría. La diferencia muestra que esta dimensión convence menos que la calidad, sin demostrar que la mayoría de los consumidores considere los productos demasiado caros.
China ofrece uno de los ejemplos más claros de la distancia entre ambas percepciones. Allí, el 91% de los encuestados valora la calidad de los productos de la UE, pero solo el 58% considera buena su relación calidad-precio. En el Reino Unido, donde el precio figura entre los principales criterios de compra para el 56% de los encuestados, la evaluación de la relación calidad-precio de los productos europeos es favorable para el 75%. La sensibilidad al precio puede coexistir así con una valoración positiva del valor de los productos.
La encuesta no compara los precios en los establecimientos ni establece en qué medida la evaluación de los consumidores se explica por el coste de los productos, sus ingresos o las alternativas disponibles. La pregunta sobre la relación calidad-precio mide el acuerdo con una caracterización de los productos europeos. Una persona puede valorar la calidad de un producto y considerar menos atractivo el precio solicitado, sin que la respuesta indique si lo compró o por qué eligió otra cosa.
Las conclusiones son pertinentes para la promoción agroalimentaria financiada por la UE, que pone el acento en la calidad y en el reconocimiento de las características de los productos europeos. La Comisión cofinancia campañas y organiza actividades de promoción bajo el mensaje «Enjoy, it’s from Europe!». Para 2026, el programa de promoción prevé 205 millones de euros para actividades tanto dentro como fuera de la UE; la suma no está destinada exclusivamente a las exportaciones.
Los autores del informe sugieren que, en los mercados donde la diferencia entre la percepción de la calidad y la del valor es amplia, una explicación más clara de las garantías de calidad y seguridad podría ayudar. Se trata de una recomendación de comunicación cuyo efecto sobre las ventas no fue probado por la encuesta. Los datos no establecen si una campaña cambiaría las valoraciones o si, para comprar más, los consumidores necesitarían precios efectivamente más bajos.
Las comparaciones con la edición de 2021 también deben tratarse con cautela. El número de entrevistas por país aproximadamente se duplicó, la estructura por sexos cambió del 70% de mujeres y el 30% de hombres a una distribución equitativa, y Estados Unidos se añadió a la muestra de 2026. El informe permite identificar diferencias entre las respuestas de ambas ediciones, pero advierte que no pueden interpretarse como mediciones estrictamente comparables de una tendencia.
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