El viernes, la zona de Campi Flegrei, cerca de Nápoles, fue sacudida por un terremoto de superficie con una magnitud de 4,7, el sismo más intenso en las últimas cuatro décadas.
El balance provisional indica 21 heridos, de los cuales 2 en estado grave, y varios edificios se han derrumbado parcialmente. El Departamento de Protección Civil, coordinándose con las autoridades locales, ha habilitado 185 camas para las personas afectadas. La primera ministra Giorgia Meloni y el ministro Nello Musumeci están involucrados en la gestión de la crisis, y se ha programado una nueva reunión para el sábado.
El enjambre sísmico continuó toda la noche, con réplicas sentidas, y muchos residentes optaron por permanecer fuera de sus viviendas debido al pánico. En Pozzuoli, dos edificios desocupados se derrumbaron, y 18 familias fueron evacuadas. Aproximadamente 100,000 casas se quedaron sin electricidad, y el tráfico ferroviario se vio afectado. Las autoridades están preparando medidas para hacer frente a la situación, mientras los vulcanólogos advierten sobre la incertidumbre de la actividad sísmica en la zona.
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