El análisis realizado por The New York Times muestra que los sistemas de defensa antiaérea rusos 'S-300' y 'Buk-M2' en Venezuela no estaban preparados para repeler un ataque estadounidense, que tuvo lugar el 3 de enero. Estos sistemas, adquiridos desde 2009, no estaban conectados a radares y no funcionaban, y algunos componentes estaban almacenados.
Los ataques estadounidenses se dirigieron especialmente a los lugares de despliegue de estos sistemas, incluyendo en La Guaira y Catiya-la-Mar, donde se destruyeron lanzadores y puntos de comando. Las dificultades en el mantenimiento de estos complejos, causadas por la falta de especialistas y piezas de repuesto, se vieron acentuadas por una posible estrategia de Moscú para evitar un conflicto directo con Washington. Los analistas subrayan que los errores en el despliegue de las fuerzas venezolanas permitieron a Estados Unidos actuar sin obstáculos, y el sistema de defensa aérea de Venezuela representó una amenaza mínima.
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