Un tribunal de Rusia ha clasificado al grupo activista Pussy Riot como una organización extremista, lo que significa que el uso de su nombre o su distribución en las redes sociales puede considerarse un delito, con penas de hasta cinco años de prisión. Maria Aliohina, miembro del grupo, ha descrito el impacto de esta decisión, subrayando que incluso gestos simples, como cambiarse un gorro, pueden ser considerados actos de extremismo. Aliohina ha relatado sus experiencias traumáticas en detención y ha destacado las dificultades de la vida en el exilio, viviendo sin un hogar durante tres años y medio. También habló sobre la pérdida de su padre, quien murió tras un registro relacionado con las actividades del grupo. Aliohina subrayó que en Rusia, el extremismo ha sido redefinido para incluir cualquier forma de oposición, y Pussy Riot continúa expresándose en contra del régimen de Putin, organizando conciertos en apoyo a Ucrania y advirtiendo sobre el actual conflicto que no es solo local, sino una guerra híbrida que puede afectar a todo el mundo.
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