El Departamento de Defensa de Estados Unidos reconoció la existencia de una escasez de municiones provocada por la operación militar Epic Fury contra Irán, llevada a cabo entre el 28 de febrero y el 30 de junio de 2026. La información aparece en un informe publicado el lunes por el Inspector General del Pentágono, después de que la administración del presidente Donald Trump negara en los últimos meses que el ejército estadounidense estuviera racionando sus misiles e interceptores.
Según el documento, la operación costó aproximadamente 33.400 millones de dólares, de los cuales 22.300 millones de dólares se gastaron en las municiones utilizadas. El consumo redujo las reservas estratégicas y puso de manifiesto los cuellos de botella en la industria de reabastecimiento, aunque el Pentágono tomó medidas para acelerar la producción.
En junio, la administración estadounidense rechazaba la información sobre la limitación del uso de misiles, mientras que Donald Trump afirmaba que Estados Unidos disponía de «cantidades enormes» o incluso «prácticamente ilimitadas» de municiones. Según la prensa, el déficit habría contribuido a la decisión del presidente de no ordenar nuevos ataques a gran escala contra Teherán durante el verano.
El informe, que analiza el período de abril a junio, también menciona daños importantes sufridos por las bases estadounidenses en Oriente Medio. Los ataques iraníes dañaron o destruyeron cientos de edificios e instalaciones en varios países. Entre las pérdidas militares figuran cuatro aviones F-15, un F-35, siete aviones cisterna KC-135 y hasta 30 drones MQ-9 Reaper.
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