El primer ministro dimisionario Keir Starmer anunció que British Steel es esencial para el poder industrial de Gran Bretaña, y la decisión de asumir el control operativo asegura el futuro de la producción de acero en el Reino Unido.
El gobierno británico intervino para detener el cierre de la acería de Scunthorpe, protegiendo así 2,700 puestos de trabajo directos y otros miles en la cadena de suministro.
Esta acería es la única unidad principal de producción de acero en Gran Bretaña, teniendo un papel crucial en las industrias ferroviaria, de construcción y automotriz. Sin embargo, British Steel se ha enfrentado a desafíos como los altos costos de energía y un exceso de acero en el mercado global.
Después de que el estado no encontró un comprador para la empresa privatizada en 1988, Starmer anunció la intención de introducir legislación para convertirse en propietario.
Se nombró un nuevo equipo de dirección para estabilizar las operaciones y transformar British Steel en una empresa comercial sostenible, con bajas emisiones de carbono.
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