En un mitin electoral, el primer ministro húngaro Viktor Orban fue sorprendido por un momento de extrema vulnerabilidad, cuando la multitud comenzó a gritar '¡Rusos, váyanse a casa!', un lema emblemático de la revolución húngara de 1956.
Esta reacción tuvo lugar en el contexto de los lazos controvertidos entre Orban y el Kremlin, acentuados por un acuerdo bilateral firmado en diciembre de 2025 para la cooperación económica y energética. Las imágenes de Orban, visiblemente desconcertado, recordaron el último discurso de Nicolae Ceaușescu, destacando un cambio dramático en la percepción pública.
Ante las elecciones generales en Hungría, el partido de oposición Tisza, liderado por Peter Magyar, podría obtener una mayoría de dos tercios en el Parlamento, según las encuestas recientes, lo que podría permitir la modificación de la Constitución. Esta situación subraya un posible cambio de poder en Hungría, con implicaciones significativas para el futuro político del país.
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