Ales Bialiatski, figura emblemática de la resistencia en Bielorrusia, lanzó un llamado complejo a los líderes europeos inmediatamente después de su liberación de la detención. Llegado a salvo a Lituania, el fundador de la organización "Viasna" sostiene que la única solución real para detener el terror interno es el diálogo directo con el poder de Minsk, aunque condicionado obligatoriamente por una presión externa masiva.
Recientemente liberado tras el acuerdo diplomático entre EE. UU. y Bielorrusia, el activista explicó que, aunque parece contraintuitivo, las negociaciones con los torturadores son inevitables para salvar a la sociedad civil. "¿Con quién más vas a hablar, si no con aquellos que sostienen las riendas de la represión?", puntualizó Bialiatski. Sin embargo, advirtió que el régimen no entiende la diplomacia clásica, sino solo "el lenguaje de la fuerza".
A pesar de haber cumplido parte de la condena de 10 años recibida en un caso fabricado, Bialiatski reveló un detalle inédito sobre la vida en la cárcel: el estatus de laureado del Premio Nobel de la Paz funcionó como un "escudo" físico. Los guardianes, intimidados por su notoriedad internacional, evitaron agresiones físicas brutales, limitándose a aislamiento y presiones psicológicas.
A los 63 años, el disidente promete que la lucha por los derechos humanos no se detiene aquí, sino que continuará desde el exilio, convencido de que el cambio de régimen es solo una cuestión de tiempo.
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