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Mientras el frente en el este de Ucrania parece estancado en una guerra de desgaste, el verdadero cambio se produce a cientos e incluso más de mil kilómetros de distancia: drones y misiles ucranianos golpean cada vez más a refinerías, fábricas militares y nodos logísticos en el corazón de Rusia, transformando lo que el Kremlin presentaba como un "lugar seguro" en una zona expuesta, vulnerable e inquieta.
La nueva realidad: la guerra llega al corazón de Rusia
En el último año, pero sobre todo en los últimos meses, Ucrania ha pasado de ataques esporádicos en la proximidad del frente a una campaña sistemática de ataques en profundidad, que apuntan a infraestructura militar y energética situada a cientos e incluso más de mil kilómetros en el interior de Rusia. Drones y misiles de diseño ucraniano han golpeado refinerías, terminales petroleros, fábricas militares y nodos logísticos en regiones consideradas hasta hace poco "lugares seguros", desde la zona de Moscú-San Petersburgo hasta los Urales.
Análisis independientes muestran que, gracias a la expansión del alcance de los drones y misiles de crucero producidos localmente, aproximadamente una cuarta parte del territorio de Rusia y más del 70% de su población se encuentra ahora, al menos teóricamente, al alcance de las armas ucranianas. En marzo de 2026, estimaciones de algunos investigadores de OSINT indicaban que Ucrania había lanzado alrededor de 7,000 drones en un solo mes, por primera vez más que Rusia, una parte significativa de los cuales se utilizó en misiones profundas en territorio ruso.
¿Cómo es posible?: explicación técnica
La expansión del alcance de ataque se debe en primer lugar al desarrollo de un arsenal interno de drones de gran autonomía y misiles de crucero producidos en Ucrania, complementados por algunas capacidades proporcionadas por estados occidentales. Kiev ha puesto énfasis en plataformas relativamente baratas, con motores civiles adaptados, capaces de volar cientos o más de mil kilómetros, guiadas por GPS, sensores inerciales y, cada vez más, algoritmos de inteligencia artificial que ayudan en la navegación y evitan parcialmente la defensa antiaérea.
Además del alcance, también es crucial el volumen: misiones con decenas o cientos de drones lanzados simultáneamente fuerzan y saturan el sistema defensivo ruso, mientras que algunos de los vectores se utilizan deliberadamente como "cebos" para revelar las posiciones de las baterías de defensa aérea. Desde hace varios años, Ucrania caza sistemáticamente radares, baterías Buk, Tor, Pantsir y S-300/S-400, utilizando incluso ataques de media distancia (30-180 km) para "crear" corredores aéreos por los que los drones de largo alcance pueden pasar más fácilmente hacia objetivos situados a cientos o miles de kilómetros de distancia.
La lógica estratégica: ¿qué persigue Kiev?
A nivel estratégico, la campaña tiene al menos cuatro objetivos principales.
1. Debilitar la capacidad militar rusa: Ucrania apunta a fábricas de armamento, depósitos de municiones, centros de entrenamiento (incluidos para pilotos de drones) y nodos logísticos directamente relacionados con el esfuerzo de guerra. Los recientes ataques contra instalaciones militares y centros de entrenamiento en territorio controlado por Rusia, incluidos en la zona de Snijne o algunos depósitos cerca de Moscú, se inscriben en esta lógica de "golpe en el cerebro del sistema", no solo en la periferia.
2. Golpear la infraestructura energética y petrolera: Refinerías, terminales de exportación, depósitos y oleoductos están entre los objetivos preferidos de los drones de largo alcance, lo que ha llevado a que el volumen de procesamiento de petróleo se reduzca al nivel más bajo desde 2009, según datos citados por Bloomberg. Los ataques a la infraestructura petrolera reducen los ingresos presupuestarios del Kremlin, complican el suministro interno de combustible y obligan a Rusia a gastar recursos considerables en reparaciones y en fortalecer la protección de estos objetivos.
3. Forzar la dispersión de la defensa aérea: los ataques a gran distancia obligan a Moscú a redistribuir baterías antiaéreas desde la proximidad del frente hacia regiones consideradas hasta ahora relativamente seguras: la zona de Moscú, San Petersburgo, nodos industriales y petroleros. Analistas citados por Reuters señalan que esta dispersión debilita la protección de las tropas rusas en la primera línea y crea oportunidades para ataques más efectivos a media distancia, contra depósitos, centros de mando y columnas logísticas.
4. Erosionar el sentimiento de "invulnerabilidad" interna: Más allá del efecto material, Ucrania busca demostrar a la población rusa que la guerra ya no es un "evento televisivo" lejano, sino que puede golpear directamente ciudades y regiones alejadas del frente. El mensaje político implícito es que la decisión de continuar la guerra tiene costos cada vez más visibles también en el territorio de la Federación Rusa.
Las reacciones de Rusia: entre propaganda y ansiedad
A nivel oficial, el Kremlin continúa minimizando el impacto de estos ataques, insistiendo en que la mayoría de los drones son derribados y que los daños son "limitados" o rápidamente remediados. Sin embargo, los reconocimientos provenientes del interior del sistema ruso delinean una imagen mucho más sombría. Un exjefe de inteligencia de las fuerzas terrestres rusas admitió públicamente que el número de drones ucranianos que llegan al territorio ruso ha aumentado 2.5 veces en solo unos meses y calificó la situación como "muy mala".
En el fondo, las autoridades han introducido o ampliado medidas de seguridad en varias regiones: restricciones de vuelo, sistemas de alerta civil, traslado de clases escolares a régimen online en ciudades como Lipetsk, Penza, Stavropol o Ceboksary, invocando "la amenaza de los drones". Encuestas de institutos cercanos al poder, como VCIOM, indican un aumento en el nivel de ansiedad entre los rusos en los últimos meses, aproximadamente una cuarta parte de los encuestados declarando que se sienten más preocupados que antes debido a la evolución de la guerra y los ataques.
En el espacio mediático, la propaganda intenta un doble juego: por un lado, atribuye los ataques al "régimen de Kiev" y al "Occidente colectivo", insistiendo en la idea de una venganza inminente; por otro lado, evita reconocer la escala de las vulnerabilidades estructurales de la defensa aérea, para no socavar la imagen de un estado fuerte y de control total.
Los efectos militares sobre el curso de la guerra
Los efectos directos e inmediatos de los ataques a gran distancia son difíciles de cuantificar, pero existen algunas tendencias claras.
A nivel logístico, la perturbación de refinerías, terminales de exportación y depósitos de combustibles presiona las cadenas de suministro del ejército ruso, especialmente en lo que respecta al combustible para transporte, aviación y vehículos blindados. Aunque Rusia dispone de reservas considerables, la detención o reducción de la actividad de algunas instalaciones estratégicas se traduce en costos adicionales, reconfiguración de rutas y retrasos.
A nivel operativo, analistas militares consultados por Reuters e Institute for the Study of War señalan que el ritmo de los avances rusos en el frente se ha reducido en los últimos meses, uno de los factores citados siendo precisamente la combinación de ataques de media y gran distancia, que golpean radares, defensa antiaérea, depósitos y centros de mando hasta 150-200 km detrás de la línea de contacto. Estos ataques "en profundidad" obligan a los comandantes rusos a operar con reservas más dispersas y con líneas de suministro más largas y expuestas.
A nivel estratégico, el hecho de que Ucrania pueda proyectar fuerza a 1,500-2,000 km en el interior de Rusia cambia la percepción: un territorio que se consideraba casi imposible de defender en su totalidad se convierte en una vulnerabilidad estructural, no solo en una ventaja de profundidad. Esta realidad crea una presión política adicional sobre Moscú, incluso en posibles negociaciones futuras, donde la capacidad de mantener una campaña de ataques a gran distancia puede ser utilizada como herramienta de disuasión o negociación.
En el corto plazo, estos ataques no parecen conducir a un cambio radical de actitud del Kremlin: el presidente ruso continúa proyectando la imagen de una campaña "bajo control". Pero, a medio plazo, la combinación de presión económica, militar y psicológica podría erosionar gradualmente la capacidad de Rusia para sostener una guerra de desgaste a gran escala en las condiciones actuales.
Análisis realizado con la ayuda de Perplexity
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