La tasa de homicidios en Rumanía sigue siendo relativamente baja, pero casi cada semana una mujer es asesinada, la mayoría de las veces por su pareja o expareja. El concepto de "femicidio" promete visibilidad y sanciones más severas, pero la experiencia de otros países muestra que el cambio real depende menos de nuevos artículos en el código penal y más de cómo funcionan la policía, la justicia y los servicios sociales.
Números fríos: quién muere, quién mata
En las estadísticas internacionales, Rumanía no es un caso extremo: la tasa total de homicidios se ha mantenido en los últimos años en torno a 1-2 víctimas por cada 100,000 habitantes, por debajo del nivel de algunos estados de la región y muy por debajo de los récords negativos globales. A primera vista, no parece un fenómeno que requiera una redefinición del código penal.
Pero la forma en que se distribuyen estos homicidios cuenta una historia más matizada. Los estudios de la ONU sobre homicidios indican que, a nivel mundial y europeo, entre el 80 y el 90% de los autores de homicidios son hombres, y la mayoría de las víctimas también son hombres, especialmente en homicidios relacionados con la criminalidad organizada, altercados o violencia en espacios públicos. Las mujeres representan una minoría de las víctimas totales, pero son asesinadas desproporcionadamente a menudo por alguien que conocen muy bien: una pareja íntima o un miembro de la familia.
Rumanía sigue, en líneas generales, el mismo patrón. El perfil "clásico" de la víctima masculina está relacionado con conflictos en espacios públicos o con la criminalidad, mientras que el perfil "clásico" de la víctima femenina indica homicidio en el ámbito privado, tras episodios repetidos de violencia doméstica. Las ONG han estado hablando, desde hace algunos años, de "casi una mujer asesinada por semana" en Rumanía, la mayoría de las veces por su actual o expareja.
¿Qué es el femicidio y por qué no es solo "el asesinato de una mujer"?
El femicidio se define, en general, como el asesinato de una mujer "por motivos de género", es decir, un homicidio que tiene su origen en los roles y estereotipos de género, en el control, la posesividad o el odio hacia las mujeres. No todos los homicidios en los que la víctima es una mujer entran en esta categoría; el contexto, el historial y la motivación son importantes.
Un informe de EIGE (Instituto Europeo para la Igualdad de Género) dedicado a Rumanía, "Measuring femicide in Romania", muestra que una parte importante de los homicidios de mujeres está precedida por violencia prolongada, amenazas explícitas, órdenes de protección y contacto repetido con la policía o los tribunales. Las autoras hablan del "pico del iceberg" de la violencia de género: detrás de cada caso que llega a las estadísticas hay un trasfondo de abuso que, estadísticamente, podría haber sido identificado y tratado antes.
¿Está aumentando el femicidio o solo su visibilidad?
A nivel global, los estudios de la ONU muestran una ligera disminución de los homicidios en general, pero los asesinatos de mujeres y niñas por parte de parejas o miembros de la familia no han disminuido en la misma medida. En algunas regiones, el número de estos homicidios se ha mantenido estable o incluso ha aumentado, a pesar de la disminución general de la criminalidad violenta.
En Rumanía, la imagen es aún más complicada, ya que los datos no han sido recolectados y publicados sistemáticamente bajo la etiqueta de "femicidio" durante mucho tiempo. Los informes de EIGE y los análisis de organizaciones especializadas observan, sin embargo, algunas tendencias:
• Aumento en la denuncia de casos de violencia doméstica y de violencia contra las mujeres;
• Aumento de la visibilidad pública de los casos de homicidio en el contexto de la violencia de género, a través de campañas y presión mediática;
• Persistencia de un número anual significativo de mujeres asesinadas por parejas o exparejas, sin una disminución clara que pueda atribuirse a ninguna reforma importante.
¿Es necesario un delito separado de "femicidio"?
Aquí se rompe el consenso. Algunos países, especialmente de América Latina, pero también algunos estados europeos, han introducido en sus códigos penales el delito distinto de femicidio o han creado formas agravadas de homicidio cuando la motivación tiene que ver con el género de la víctima. Croacia, por ejemplo, adoptó en 2024 una reforma por la cual el femicidio se convirtió en un delito separado, considerado por las organizaciones de mujeres como "un momento simbólico de cambio".
Los defensores de tal disposición señalan algunos beneficios:
• Reconocimiento explícito de la violencia de género como un problema estructural;
• Obligación de la policía y la justicia de documentar el motivo de género, la relación autor-víctima, el historial de violencia;
• Posibilidad de recopilar datos comparativos y evaluar políticas públicas.
Por otro lado, las evaluaciones comparativas no son tan espectaculares como desearían los activistas. Un análisis del Banco Mundial muestra que, en 2023, solo 29 economías tenían leyes explícitas sobre femicidio, cubriendo aproximadamente el 11% de las mujeres del mundo, mientras que más de 51,000 mujeres fueron asesinadas a nivel global. En muchos estados latinoamericanos, aunque el femicidio ha sido un delito distinto durante años, el número de casos ha disminuido lentamente o no ha disminuido en absoluto, donde la policía, la fiscalía y la justicia siguen estando subfinanciadas e ineficaces.
Los críticos de la idea de un delito separado plantean dos problemas:
• Redundancia: si el homicidio calificado y las circunstancias agravantes (motivo discriminatorio, relación familiar, vulnerabilidad de la víctima) están bien definidas y aplicadas, un nuevo delito complicaría innecesariamente el código penal;
• El riesgo de percepción de una "jerarquía entre víctimas": el hecho de que el asesinato de una mujer sería sancionado de manera diferente al asesinato de un hombre, un niño o una persona mayor, lo que generaría discusiones sobre la igualdad ante la ley.
Desde la perspectiva del derecho internacional de los derechos humanos, un tratamiento diferenciado puede ser aceptado si tiene un propósito legítimo (la protección de un grupo expuesto a un riesgo específico) y es proporcional. De aquí también las soluciones de compromiso adoptadas por algunos estados: mantener un solo delito de homicidio, pero introducir explícitamente el motivo de género como circunstancia agravante, además de la obligación de recopilar y reportar por separado los datos sobre femicidio.
Más allá del código penal: ¿qué funciona, de verdad?
La experiencia comparativa y las recomendaciones de UNODC (Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito), EIGE u OMS convergen hacia una conclusión incómoda: la introducción del delito de femicidio puede ayudar a la visibilidad y el simbolismo, pero la reducción efectiva del número de mujeres asesinadas depende de cosas menos espectaculares políticamente.
Alojamientos, asesoramiento, salida de relaciones violentas
Los informes para Rumanía subrayan la falta de refugios suficientes para las víctimas de violencia de género, especialmente en el medio rural, y la precariedad de la financiación de los existentes. Sin un lugar al que poder huir con los niños, una orden de protección sigue siendo, en la práctica, un simple papel.
Líneas de emergencia, centros de asesoramiento psicológico y legal, programas de apoyo económico: todos aparecen en las recomendaciones estándar para reducir los homicidios en el contexto de la violencia doméstica.
Órdenes de protección y evaluación del riesgo
En muchos de los casos analizados en Europa, la mujer asesinada ya había pedido ayuda: había presentado denuncias, había obtenido órdenes de protección, había llamado a la policía en varias ocasiones. El problema no era la ausencia de disposiciones legales, sino el hecho de que no se habían aplicado con seriedad.
UNODC insiste en el uso de herramientas estandarizadas de evaluación del riesgo de letalidad: conjuntos de preguntas sobre amenazas, acceso a armas, escalada de la violencia, separación reciente, que los policías, fiscales y trabajadores sociales deben aplicar de manera sistemática.
En Rumanía, los informes de EIGE recomiendan fortalecer los mecanismos de emisión y monitoreo de órdenes de protección, de modo que las violaciones no queden sin consecuencias y se traten como una señal de alarma mayor, no como un incidente menor.
"Revisiones de femicidio": una mirada a los fracasos
Otra herramienta reciente son las "revisiones de femicidio", revisiones detalladas, multiagencia, de cada caso de femicidio o de una muestra representativa. La policía, la fiscalía, los tribunales, los servicios sociales y la salud analizan juntos qué sucedió antes del crimen: qué denuncias existieron, qué decisiones se tomaron, dónde se rompió la cadena.
UNODC promueve tales mecanismos como parte de las buenas prácticas en la justicia penal sensible al género. Para Rumanía, la introducción de revisiones sistemáticas, no solo informes de casos aislados, podría mostrar de manera muy concreta dónde se bloquea el sistema: en el policía que "media" entre el agresor y la víctima, en el fiscal que archiva denuncias, en el tribunal que convierte la violencia repetida en una simple contravención.
¿Qué pasa con la "discriminación" entre víctimas?
La pregunta de si el femicidio como delito separado crearía una discriminación entre víctimas es legítima. Si el asesinato de una mujer se clasificara automáticamente como un delito más grave que el asesinato de un hombre o de una persona mayor, se abriría un duro debate sobre la igualdad ante la ley.
La respuesta dominante en la literatura especializada es que no estamos hablando de una jerarquía del valor de la vida, sino del reconocimiento de riesgos específicos y de patrones de violencia que requieren herramientas específicas. El asesinato de un niño, el asesinato de una persona bajo el cuidado del autor o el asesinato por motivos racistas ya se tratan en muchas legislaciones como formas agravadas o distintas, sin que esto se vea necesariamente como una discriminación hacia otras víctimas.
En la práctica, una solución para Rumanía podría verse así: • Definición clara del motivo de género y de la violencia de género como circunstancias agravantes en el caso de homicidio;
• Obligación para las autoridades de recopilar y publicar datos sobre estos casos, según una metodología alineada con los estándares de la ONU y EIGE;
• Eventualmente, incriminación separada del incumplimiento de órdenes de protección o de la repetición de la violencia de género, como "zonas de amortiguamiento" antes del femicidio.
En ausencia de estas herramientas, una simple disposición declarativa sobre el femicidio corre el riesgo de quedarse como un nuevo artículo en un viejo código.
La cuestión fundamental para Rumanía
En última instancia, el debate sobre el femicidio en Rumanía no se reduce a una nueva palabra en el código penal. Se reduce a la pregunta de si el estado está dispuesto a tratar los homicidios de mujeres como un fenómeno predecible, relacionado con la violencia de género, y no como una suma de tragedias individuales.
Los datos internacionales muestran que el simple aumento de las penas o la introducción de un nuevo delito no son suficientes para reducir rápidamente el número de mujeres asesinadas. Lo que marca la diferencia, en los países que han logrado reducir la curva, es una combinación de:
• Infraestructura de apoyo real para las víctimas;
• Órdenes de protección aplicadas de manera firme y monitoreadas;
• Instituciones capaces de identificar y gestionar el riesgo;
• Mecanismos de aprendizaje de cada caso de homicidio en el contexto de la violencia de género.
La introducción del delito de femicidio puede ser una señal política importante. Pero sin el resto de las piezas, corre el riesgo de convertirse en una promesa bien formulada, en un sistema que continúa dejando a las mujeres solas ante el tipo de crimen más predecible: el asesinato anunciado por años de violencia.
Análisis realizado con el apoyo de Perplexity
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