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Jim Carrey, conocido por su interpretación del personaje Grinch en la película del 2000 "Cómo el Grinch robó la Navidad", reveló que enfrentó dificultades importantes en las primeras etapas de la producción. El actor estuvo a punto de abandonar el proyecto debido a las agotadoras sesiones de maquillaje, que duraban hasta ocho horas al día, y a un disfraz incómodo. Después del primer día de maquillaje, Carrey contactó al director Ron Howard y al productor Brian Grazer, ofreciéndose a devolver su honorario para salir de la película.
Para ayudarlo a enfrentar los desafíos, Grazer propuso que fuera entrenado por un especialista que había preparado a agentes de la CIA para resistir la tortura. Este experto le enseñó técnicas de manejo de la ansiedad y la frustración, como distraerse comiendo o cambiando de entorno. Además, Carrey tuvo que soportar un disfraz que causaba incomodidad, incluyendo un overol que le provocaba picazón, uñas largas y lentes de contacto que le cubrían la vista.
A pesar de estas dificultades, su interpretación se volvió legendaria, y la película tuvo un éxito comercial, recaudando más de 347 millones de dólares y llevándolo a una nominación al Globo de Oro.
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