Mercosur es más que un simple acuerdo comercial. Es la suma de todas las incomprensiones, ambiciones no cubiertas por la realidad, de las excusas bien elaboradas y de las visiones obtusas que atraviesan Europa. Los más visibles son los agricultores. Repitiendo obsesivamente dos ideas: "nosotros producimos comida" y "el acuerdo Mercosur arruinará la agricultura europea", los agricultores apuestan a que inducirán miedo entre los políticos y que estos les escucharán.
Una vez les funcionó este enfoque, en enero de 2024, cuando las protestas de los agricultores europeos bloquearon parte de los cambios iniciados por la Comisión Europea para que la agricultura cumpla con los estándares medioambientales. Las disposiciones más estrictas fueron aplazadas o suavizadas.
La victoria de 2024 hace que los agricultores presionen contra Mercosur a principios de 2026. Los manifestantes son de Francia, Italia, Grecia, Irlanda, Rumanía o Polonia. Repiten el mismo estribillo, a saber, que los productos alimentarios o agrícolas que vendrán de los estados de Mercosur no cumplen con los estándares europeos de calidad, utilizan técnicas genómicas, es decir, organismos modificados genéticamente y, el supremo sacrilegio, son más baratos, lo que llevará a la quiebra de los agricultores europeos.
Hay tres cosas que son realmente intolerables para los agricultores europeos. La primera es que tienen la sensación de que el mundo comienza y termina con ellos. El acuerdo Mercosur no se refiere solo a los productos agrícolas, sino que también abarca mercancías industriales o el sector de servicios. No puedes "prender fuego" al acuerdo solo porque los agricultores europeos no soportan la competencia.
De hecho, el deseo de bloquear cualquier competencia está en el ADN de los agricultores europeos. Ellos cuestionan el mercado común, no soportan los productos que vienen de Ucrania y ahora quieren detener las mercancías que vendrán de América Latina. Lo más extraño es que nadie les dice "en la cara" que reciben subsidios serios de fondos europeos precisamente para hacer frente a la competencia. A cambio, los representantes de alto nivel de la Comisión Europea han asegurado que los agricultores tendrán "redes de seguridad" frente a las importaciones de los estados de Mercosur, como cláusulas de salvaguardia para los productos que tienen precios bajos y un análisis "a sangre" del cumplimiento de los estándares de calidad. Por supuesto, en algunos casos, los políticos pueden no inspirar confianza. Pero un compromiso es un compromiso, incluso para los políticos.
La segunda cosa intolerable para los agricultores es el desafío a los consumidores. "La regla de oro" para cualquier consumidor es que comprará un producto en función de la mejor relación precio-calidad, por supuesto, tal como él lo percibe e informándose si la mercancía cumple con las normas sanitarias-veterinarias.
Muchos consumidores europeos se han entrenado para optar por productos locales. Muy bien. Pero, la elección solo es válida dentro de ciertos límites. Es difícil de creer que para los consumidores el único criterio de compra sea la producción local, haciendo abstracción total del precio o la calidad. Por eso, está claro que más productos en las estanterías de las tiendas (incluidos los que vienen de los estados de Mercosur) significan más opciones, más competencia, más diversificación para los consumidores europeos.
La tercera cosa intolerable para los agricultores es la falta de visión. El acuerdo Mercosur llega en un momento en que las relaciones comerciales internacionales se reconfiguran, a menudo en función de criterios subjetivos o políticos. El acuerdo Mercosur-UE crea un mercado libre que abarca 700 millones de consumidores y en el que los europeos tienen un superávit comercial que pueden consolidar.
Por ahora, la Unión Europea ha aprobado la firma del acuerdo a pesar del voto negativo de cinco estados, Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda, y de la abstención de Bélgica. Por primera vez en la historia, Francia, un estado fundador de la UE, se ha colocado mediante voto en una zona minoritaria. Ha inclinado la balanza Italia, que votó a favor de la firma del acuerdo de libre comercio y que de esta manera aseguró una mayoría calificada, lo que significa el apoyo de más del 65% de la población de la Unión Europea. De hecho, el principio de la mayoría calificada podría ser cada vez más útil en futuras decisiones europeas, en las condiciones en que hay y probablemente habrá algunos estados miembros que se opondrán de manera constante a decisiones que deberán tomarse a nivel europeo.
El expediente Mercosur no está, sin embargo, cerrado. Siguen los votos en el Parlamento Europeo y en los Parlamentos nacionales, pero se ha dado un paso. Un paso que muestra que hay momentos en que los políticos pueden hacer bien a los ciudadanos incluso en contra de lo que ellos creen.
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