El primer ministro británico Keir Starmer tuvo una reunión con el presidente chino Xi Jinping en Beijing, donde solicitó una relación "más sofisticada" entre Gran Bretaña y China. Tras esta visita, Starmer obtuvo el derecho de los ciudadanos británicos a viajar sin visa a China por 30 días y una reducción de los aranceles para el whisky escocés. Donald Trump reaccionó negativamente, afirmando que estrechar los lazos con China es "muy peligroso" y advirtió a Gran Bretaña sobre los riesgos comerciales.
Starmer insistió en que Gran Bretaña no elegirá entre el comercio con EE. UU. y el de China, subrayando la importancia de la relación con Estados Unidos en el ámbito de la defensa y la seguridad. También rechazó las especulaciones de que su visita podría irritar a Trump, afirmando que es esencial comprometerse con China sin comprometer la seguridad nacional.
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