Antes de que se celebraran las elecciones del 29 de noviembre, Pedro Sánchez decidió solicitar un nuevo mandato después de que el Parlamento rechazara dos decretos reales relacionados con la vivienda, mientras que en Madrid y otras ciudades se produjeron protestas con tiendas de campaña para exigir medidas urgentes ante la crisis de la vivienda. Sánchez anunció la convocatoria de elecciones en un discurso televisado dirigido a la nación, justificando la decisión por la necesidad de que el electorado decidiera el rumbo político del país.
Al mismo tiempo, el primer ministro continuó construyendo su mensaje de política exterior e interior: en Nueva York, defendió ante la ONU la manera en que España gestiona la crisis migratoria de Ceuta, insistiendo en que el país no violará el Estado de derecho y pidiendo, entre otras cosas, la reforma del Consejo de Seguridad y la eliminación del derecho de veto de los miembros permanentes.
En el ámbito político, Sánchez también mantuvo enfrentamientos retóricos con la oposición: durante una visita a Madrid, el presidente argentino Javier Milei calificó a Sánchez de «dictador», «ladrón» y «corrupto», en un contexto en el que Milei expresaba su apoyo a los partidos de derecha y de extrema derecha antes de las elecciones anticipadas del 29 de noviembre.