Antes de la declaración atribuida a Dmitri Medvédev, Donald Trump ejerció presiones públicas sobre el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, sugiriendo que Ucrania necesitaría «un nuevo líder» capaz de llegar a un acuerdo con Rusia. Paralelamente, las declaraciones de algunos funcionarios ucranianos criticaron la idea y afirmaron que, según la visión de Kiev, la exigencia procedería tanto de Trump como del presidente ruso Vladímir Putin.
En el contexto de estas tensiones, también surgieron informaciones sobre una iniciativa diplomática: la administración estadounidense estaría preparando una cumbre trilateral EE. UU.–Ucrania–Rusia, y el director de la CIA, John Ratcliffe, propuso una reunión entre Trump, Putin y Zelenski durante su visita a Moscú. Por parte rusa, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que una cumbre de ese tipo solo sería posible para oficializar acuerdos ya preparados, mientras que Zelenski fue informado sobre las conversaciones y los funcionarios de Kiev se mantuvieron escépticos.