Tras los comicios del 27 de octubre, el presidente Isaac Herzog comenzó las consultas con los partidos de la Knéset para designar a un candidato capaz de formar gobierno, intentando evitar la celebración de nuevas elecciones. En esta etapa, Netanyahu pidió un «gobierno de unidad nacional» sin incluir a los partidos árabes, mientras que Eisenkot lo acusó de atacar la democracia.
Paralelamente, el apoyo tradicional del partido ultrarreligioso Judaísmo Unido de la Torá a Netanyahu se quebró: JUT se negó a recomendar a un candidato para primer ministro tras las consultas con Herzog. La decisión se produjo en el contexto de disputas relacionadas con el reclutamiento en el ejército de los estudiantes de las escuelas religiosas, y JUT exigió que el estatus de estos fuera regulado antes de que el partido participara en un futuro gobierno.
Eisenkot indicó que también puede colaborar con formaciones que Netanyahu ha excluido, pero impuso condiciones: entre otras cosas, exigió reconocer a Hamás como una organización terrorista que debe ser destruida.