Taiwán suspendió el viernes 23 de octubre gran parte de su actividad, a la espera del tifón Champi, una de las tormentas más fuertes formadas este año en el océano Pacífico. La tormenta se acercaba a la costa nororiental de la isla, con lluvias torrenciales y ráfagas de hasta 191 km/h.
Las autoridades cancelaron los 262 vuelos nacionales y los 669 vuelos internacionales programados para ese día. En total, se suspendieron 931 vuelos. Las escuelas, las instituciones públicas y los mercados financieros permanecieron cerrados en casi todo Taiwán, mientras que los trenes de alta velocidad continuaron circulando y el transporte público de Taipéi fue reducido.
El tifón, que anteriormente había alcanzado la categoría de supertifón, se encontraba a unos 320 kilómetros al este del extremo meridional de la isla. La zona afectada por los vientos se extendía en un radio similar y cubría gran parte de Taiwán. Los meteorólogos pronosticaron precipitaciones de casi un metro en las regiones montañosas del norte y advirtieron que la tormenta podría afectar a la isla durante casi dos días.
El Gobierno informó de un fallecido y 94 heridos, mientras que casi 1.300 personas fueron evacuadas de forma preventiva. En la región de Yilan se prepararon sacos de arena, embarcaciones neumáticas y vehículos anfibios. Los meteorólogos no descartaron que Champi golpeara directamente Taiwán si ralentizaba su desplazamiento o cambiaba de trayectoria. Posteriormente, la tormenta se dirigiría hacia el sur de Japón.
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